Las jodidas listas (Ciencia Ficción)


Hay una cosa que a la gente en Internet le encanta: las jodidas listas, y además si son numeradas mejor. No entro a valorar su validez, ni siquiera la buena fe en su realización, simplemente es que yo soy incapaz de hacerlas. No porque no tenga suficientes elementos de valoración, es simplemente que me resulta difícil anteponer unas películas sobre otras. Sí puedo hacer una lista con cosas que encontrase imprescindibles en un momento dado, pero hemos de tener en cuenta que ese listado nunca debe ser fijo, siempre cabe la posibilidad de variarlo, de encontrar nuevas joyas que vengan a sustituir a lo anterior.

Dicho esto, voy a hacer una serie de listas de cine/literatura con recomendaciones. Cada listado constará de 15 elementos (a lo mejor incluyo alguno más en alguna)  que considere imprescindibles para cualquier aficionado al género en cuestión, ya sea literatura o cine. Y no están ordenadas por ningún tipo de criterio, salvo el cronológico o el alfabético.

Hoy he decidido empezar por la CI-FI. ¿Por qué? Coño, pues porque probablemente sea de lo que me más he visto y leído en mi vida, junto al Terror. Del resto también he visto o leído bastante, pero no es cuestión de poner partidos de fútbol, ¿no? XD

Pues a la faena, empecemos por el cine:

  • Viaje a la Luna (Le Voyage dans la Lune, 1902): Esta película hay que verla porque es la primera, el paciente cero del cine de Ciencia Ficción, y porque es un rato divertido ver como hacían efectos especiales los abuelos de Carlo Rambaldi, Stan Winston o Ray Harryhausen. Basada en dos novela de Jules Verne (De la Tierra a la Luna) y H. G. Wells (Los primeros hombres en la Luna), su duración es de 15 minutos escasos, así que no tenéis excusa. Es una de las pocas películas incluidas por la UNESCO en su Programa de Memoria del Mundo.

  • Metropolis (Fritz Lang, 1926):  Uno de los máximos exponentes de ese subgénero que fue el expresionismo alemán. Uno de los grandes clásicos del cine de todos los tiempos. Si no la has visto, ya estás tardando. Es una de las pocas películas incluidas por la UNESCO en su Programa de Memoria del Mundo. Está basada en la novela homónima de Thea von Harbou, por aquel entonces esposa de Lang.

  • Ultimátum a la Tierra (The day the Earth stood still,Robert Wise, 1951): Por mucho remake y mucha pollada, por mucho Keanu Reeves y mucho CGI, la original sigue siendo una joya de principio a fin. Nada tan entrañable como ese platillo volante aterrizando en Washington D. C., el robot Gort y el marciano Klatuu.

  • La guerra de los mundos (The war of the worlds, Byron Haskin, 1953): Basada en la novela homónima de H. G. Wells, narra el inicio de la invasión de la Tierra por parte de naves extraterrestres y su posterior derrota por la afección de bacterias terrestres sobre estos seres (a ver si aprende el inútil del guionista de Prometheus, que no es tan difícil, joder). Bebe, en parte, de la inspiración del guión radiofónico que creó y emitió Orson Welles en 1938, para la CBS, desde el Teatro Mercurio. En 1979 se reestrenó, incluyendo la música que creó Jeff Wayne inspirándose en la novela.  Y no, el remake de Tom Cruise y Steven Spielberg no me sirve de sustituto.

  • 2001, una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968). Imposible enteder el mundo del cine sin ver esta maravilla. Una gozada en todos los aspectos, a pesar del ego de su director. ¿Alguien aún no conoce a HAL o al monolito? No hay nada que se le parezca, aunque ella sí se parece, en aspectos técnicos y estéticos, a Doroga k zvezdam (Pavel Klushantsev, 1958), un falso documental de la antigua U.R.S.S. Está basada en el relato El centinela de Arthur C. Clarke y no en la novela (mismo título que el film y mismo autor), que fue escrita al mismo tiempo que el guión.

  • El planeta de los simios (Planet of the apes, Franklin J. Schaffner, 1968). ¿No me digais que ese final, ese último giro de tuerca, no es absolutamente genial? De los que uno recuerda siempre aunque no tenga ni puta idea de qué iba la película. Tim Burton, aún respetando mucho más la idea original de la obra de Pierre Boulle, no logra empatizar con el público como lo hace la película del 68.

  • La naranja mecánica (A Clockwork Orange, Stanley Kubrick, 1971). Basada en el la novela homónima de Anthony Burgess (de la que difiere en el final), nos muestra el uso de la violencia por sí misma, sin excusas. Es una de las obras distópicas por excelencia. Inolvidable Malcom McDowell, uno de esos actores que, habiendo realizado algunos papeles maravillosos, acaban siendo olvidados por todos.

  • Solaris (Andrei Tarkovski, 1972). Adaptación de la novela de Stanislaw Lem. Obra maestra sin ninguna duda. Una de esas películas que todo fan de la Ciencia Ficción debería tener enmarcada en la mejor pared de su casa y verla, al menos, una vez al año. Eso si, si no eres una jodido friki ni se te ocurra verla, mejor ponte a ver la de George Clooney, que está hecha para nenazas. 😛

  • Stalker (Andrei Tarkovski, 1979). La otra obra maestra de la CI-FI soviética. Basada (muy por encima) en la novela Picnic junto al camino, de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski (que también firman el guión), la película nos cuenta las vicisitudes de los stalker, guías que acompañan a gente a través de un terreno llamado La Zona, lugar en el que parece ser que ha caído un meteorito o ha habitado una especie de civilización extraterrestre. Es una película demasiado compleja (en cuanto a comprensión) y demasiado onírica, por lo que es posible que a más de uno no sólo no le guste si no que le parezca un puto coñazo. Es normal. Esta película se ama o se odia, no hay término medio. Mi consejo es que la veáis después de tragaros mucha Ciencia Ficción de la de verdad, de la dura, y si os ha gustado Solaris. Si no es así, dejadlo estar.

  • Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1978). Poco que decir y mucho que disfrutar de esta película que combina, perfectamente, CI-FI y Terror. Cojan palomitas al entrar.

  • La cosa (The thing, John Carpenter, 1982). Basada en el relato de John W. Campbell Jr., Who goes there?, nos habla de una investigación en la Antártida a partir del descubrimiento del cuerpo de un alienígena congelado. Los investigadores van cayendo como como moscas, hasta que a Kurt Russell se le hinchan las pelotas. Muy en la línea de Alien: Ciencia Ficción y Terror del bueno.

  • Blade Runner (Ridley Scott, 1982). La otra gran obra de Scott, se basa en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick). Podéis leer mi crítica aquí.

  • Terminator (The terminator, James Cameron, 1984). Película de palomitas a tutiplén, con un Arnold Schwarzenegger desatado (antes de que le dieran papeles con diálogo XD ) y una palabra cargada de intenciones “¡Volveré!” (“I’ll be back!” si te mola más en inglés). Uno de esos films que ves en el cine y no olvidas en la vida.

  • Brazil (Terry Gilliam, 1985). Película que vi por primera vez hace unos 25 años y que no sabría definir, se mueve entre la comedia, la comedia negra, la Ciencia Ficción, la fantasía, recargada, barroca, kitsch en ciertos momentos, onírica, pesadillesca,.. Pero de la que estoy seguro que disfrutaréis como enanos. Obra de culto del ex-Monty Python, y que cuenta con actores de la talla de Robert de Niro y Bob Hoskins en pequeños papeles.

  • Gattaca (Andrew Niccol, 1997). Si alguna vez imaginaste un futuro no muy lejano, probablemente, no se parecería a éste. Porque, seguramente, soñaste con un mundo feliz, pero lo más fácil es que el futuro cercano se parezca a lo que Gattaca nos muestra. Y no, no es feliz. Cada vez que la veo se me ponen los pelos de punta del mal rollo que me entra.

  • Matrix (The Matrix, Andy y Larry Wachowski, 1999). De esas películas en las que, al cabo de media hora, te estás preguntando qué cojones es ésto y que al final te dejan con los ojos como platos. Y me quedo con ésta, ni la segunda, ni la tercera partes me gustan. Matrix es ésto y nada más: “¿La pastilla roja o la pastilla azul?

  • Donnie Darko (Richard Kelly, 2001). Extraña película de viajes en el tiempo y agujeros de gusano, aunque de esto sólo te enteras cuando comentas la película con algún gafapasta, que la ha visto como 36 veces, y que te cuenta una teoría de la que tú no has olido ni papa en toda la proyección. De las que necesitan ser vistas dos o tres veces para ir entendiendo el por qué de las cosas. Si aún así no te has enterado de nada, vuelve a verla otra vez 😉

  • Primer (Shane Carruth, 2004). Igual que la anterior, pero sin agujeros de gusano, y en menos duración de película.  ¿Mola, eh?

  • Hijos de los hombres (Children of men, Alfonso Cuarón, 2006). Cogéis la situación mundial actual un poquito más acentuada, le añadís aún más superpoblación, elimináis la fertilidad humana y le quitáis la poca esperanza que nos queda y tenéis el argumento de esta película. Jodídamente buena y jodídamente cercana. Basada en una novela de P. D. James del mismo nombre y que aún no he leído.

  • Wall·e (Andrew Stanton, 2008). Sin lugar a dudas la mejor película de Pixar con diferencia. Cualquier amante de la Ciencia Ficción (y del cine) debería verla porque tiene guiños a la historia del cine de principio a fin. Imposible no querer a ese pequeño robot enamorado. Considero que es más una película más para adultos que para niños, aunque estos disfruten de ella de igual forma.

  • Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010). Carlos Boyero la describió como “Una de las películas más estúpidas que he visto en mucho tiempo”, el pobre hombre hace mucho que dejo de ser crítico de cine para convertirse en un ególatra sin complejos y sin mesura. Esta película tiene desafíos a la física, estruendosa acción, sobrecogedora emoción y una interpretación más que decente de Leonardo Di Caprio. Para mi gusto sobran tiros, pero no por eso deja de ser una buena película.

Sé que alguno se va a sorprender de no ver ciertas películas o sagas aquí, y lo entiendo, pero es que a mí que haya tíos apretando gargantas con la mente o que puedas respirar el aire de cualquier planeta, pues como que no me cuelan en la categoría de CI-FI. Otros lo aceptan y lo veo normal. No es mi caso. De todas formas, la lista creo que tiene un buen número de películas de alta calidad, así que disfruten y relájense en un ambiente libre de pánico.

Democraticemos, que algo queda


A colación del artículo anterior sobre el Valencia C. F.: “Mi por qué”, he decidido mostrar cual ha sido el funcionamiento del Consejo de Administración del club y sus diferentes consejeros desde el momento de su constitución como S.A.D. (cosa fácil porque los nombres son constantes).

Pongámonos en antecedentes: en la temporada 1985-86, tras unas temporadas tonteando con el descenso, la desgracia se consuma y el Valencia C.F, baja a Segunda División. Las deudas y las guerras cainitas dentro de la jet-set dirigente provocan una época de austeridad que se ve compensada con el resurgimiento de una masa social plagada de juventud. Tras el efímero paso de Pedro Cortés por la presidencia (el mismo que ahora va por las emisoras vendiendo su “conocimiento”), Arturo Tuzón se alza con el sillón de máximo dirigente aplicando, desde ese momento, un control férreo sobre cualquier tipo de gasto y, poco a poco, devolviendo la credibilidad a un club en desahucio. La política deportiva se centra en jóvenes jugadores, bien de la cantera propia o procedentes de equipos modestos, que van cimentando un equipo de calidad aunque de poca ambición. De la mano de Don Alfredo di Stéfano, llegan al primer equipo los Fernando, Giner, Voro, Quique, Arroyo, Fenoll, Alcañiz,… Muchos de ellos son, o han sido, empleados del club con posterioridad y otros, incluso, consejeros.

A lo que íbamos, Cortés y Tuzón y pertenecían a antiguas directivas del club y allí siguieron hasta la fatídica fecha de 1992, el año en que el club de fútbol pasó a ser Sociedad Anónima Deportiva. Desde ese momento todo accionista podía hacer valer sus acciones en las elecciones convocadas. Y pasó lo que muchos, imberbes aún, nos olíamos: donde antes elegían presidentes unos pocos, la democratización de las acciones hizo que, a partir de entonces, lo eligieran aún menos. Porque elegían los que más dinero habían invertido, que casualmente eran los anteriores directivos del club, porque para eso habían hecho paquetes de acciones que se habían repartido entre ellos. El problema es el de casi siempre en este club, una oligarquía de empresarios naranjeros, falleros y analfabetos, incapaces de ver más allá de su culo y despreciadores de los que les intentan hacer ver las cosas de forma diferente, y a los que gusta más un cargo que a un tonto un chupachups. Los componentes de aquel primer Consejo de administración no tienen desperdicio: Arturo Tuzón, Melchor Hoyos, Vicente Pons, Ramón Romero, Pedro Cortés, Ernesto Estellés, Peris Frígola, Paco Roig, Agustín Morera, Vicente Alegre, Vicente Silla y Vicente Fayos. Buena parte de ellos os sonaran porque han estado ahí, de forma continua o discontinua, hasta hace bien poco. Lo más gracioso de todo es que cualquier trama de intrigas y traiciones queda convertida en un juego de niños cuando ves los cambios de chaqueta continuos por parte de semejantes personajes, y de los que les han ido sucediendo. Para ver todo ésto en su máxima plenitud, recomiendo un artículo del amigo desmemoriats: De professió conseller del VCF(en valenciano)

El caso es que, en dos años, aquel grupo de consejeros saltó por los aires, principalmente por un personaje, de mote El tronaor, cuyo afán de protagonismo y populismo barato consiguió mover a las masas al grito de Per un València campió. Su nombre Paco Roig. Su lema anti-Tuzón, coreado por Mestalla, Arturo, suelta los duros. Demagogia en estado puro. Tuzón convocó elecciones y se retiró al calor del hogar. Al tronaor, los nuevos adversarios encabezados por Ramón Romero y Agustín Morera, le duraron medio asalto, aunque la derrota por 7-0 ante el Karlsruhe probablemente ayudó lo suyo. Arrasó en las elecciones y le llevó a la presidencia valencianista. Le acompañaron: Vicente Andreu, Juan Vicente Jurado,  Jaime Ortí, Salvador de la Asunción, Antonio Giner, Guillermo Miralles, Jaime Molina, Enrique MorenoEnrique Roig, Juan Ruiz Huerta y Enrique Ruiz Magraner. Posteriormente se unieron Beatriz Delgado y nuestro actual Presidente, Manuel Llorente. Paco comenzó a granjearse la enemistad del populacho cuando decidió cobrar como sueldo el 1% del presupuesto del club.

En 1996, tal y como ha sucedido en 2009, Roig intentó democratizar el club realizando una ampliación de capital y, así, conseguir que los grandes paquetes accionariales quedasen anulados. El problema, como no, es que el que tiene el chupachups no quiere que se le acabe, así que Roig hizo trampas. Por medio de un grupo de testaferros fue acumulando acciones para intentar mantenerse en el poder sine die. Pero un club de fútbol no es una empresa, y cuando la pelota no entra a ti, que estás en el palco, Mestalla te grita de todo. Y un día Paco no pudo más y le dejó el mando a Pedro Cortés, que había regresado, y que a su vez se lo dejó a Ortí (el presidente más laureado tras Luis Casanova). Luego llegaron Juan Soler, el efímero Morera, el embastaor Vicente Soriano y el actual, Manuel Llorente. Todos con sus movidas, politiqueos, trampas, embustes y adláteres de tres al cuarto. Todos rodeados por chaqueteros con deseo de ver en sus tarjetas de visita el chusquero Consejero del Valencia C. de F., S.A.D., e incapaces de entender lo que significa las palabras lealtad y honor. Incapaces de mirar más allá de sus bolsillos. Para sentir vergüenza.

Y llegamos al 2009, llamada por algunos la Gran democratización, la liberadora, la que iba a devolver el club a sus verdaderos dueños: la afición. Todos sabemos como ha acabado ésto, pero lo que me interesaba es mostrar que todo era un tremendo blufff.

Empecemos a hacer números. Tras la ampliación del 96, las acciones emitidas por el Valencia Club de Fútbol eran unas 192.225, repartidas entre unos 44.000 socios. La emisión de 2009 era de 1.922.250 acciones. Coste por acción: 48€. Hagamos pequeños cálculos. Para conseguir la democratización real del club, esos casi dos millones de acciones deberían haber sido vendidas en paquetes iguales a esos 44.000 socios (la variación en el reparto de las 192.225 anteriores queda en algo mínimo). En reparto simple, a cada socio le corresponderían unas 44 acciones, lo que supone unos 2.100€. Algo inasumible, por mucho amor a unos colores que sientas, por el 90% de los socios del club. Más si hablamos de una familia con dos,tres, cuatro o más socios. Y eso lo sabía quien la propuso, como también sabía que era imposible  completar la venta de todas las acciones. Y, seguramente, también sabía cómo solucionarlo para conseguir que su propósito no se viese alterado: tenerlo todo bajo control. Porque yo quisiera saber, ¿alguien cree que un consejero del club, por muy presidente de fundación que sea, va a votar en contra de las decisiones del consejo al que pertenece? Társilo Piles tampoco.

Mi por qué


Hace unos días, en el programa de deportes de la Cadena SER en Valencia, que dirige el murciano Pedro Morata, se pedía a los aficionados que explicaran por qué no habían renovado el pase del Valencia CF. Las explicaciones, en su amplia mayoría, alegaban fundamentalmente a la crisis y los problemas económicos. Es posible que así sea, pero en mi caso las razones por las que dejé de hacerlo son mucho más profundas.

Hace tres años que dejé de renovar un abono del que disfrutaba desde hacía más de 20, desde aquellos tiempos de la General de Pie  anteriores a la llegada de Paco Roig y el famoso “buñuelo” que hizo que los viejos ocupantes de la zona más elevada del estadio nos repartiéramos por el remozado Mestalla en una diáspora sin retorno. Y no me arrepiento. He visto de todo, triunfos, derrotas, alegrías y tristezas. He pasado frío, calor, me he mojado y, en alguna ocasión, he ido con  fiebre al campo. He conocido gente, he compartido cervezas y he tenido fuertes discusiones, todo dentro de esas graderías. Pero repito, lo he abandonado y no me arrepiento, más bien al contrario. Entre todos han conseguido que, lo que en su momento era una de mis pasiones, pase a ser un mero entretenimiento por el que, en no pocas ocasiones, si es necesario, no pierdo ni un segundo de mi vida. Triste, ¿verdad?

Pudiendo pagar un pase cuyo coste ha ascendido en casi un 70%, gracias ese engaño llamado ampliación de capital (de 280€ que costó el último, a los 475€ de este año), en su momento decidí no hacerlo. Esta alteración del precio se produce porque me negué a pagar 500€ por 10 acciones sin valor alguno. Y no, 500€ no son sentimiento, son un puto engaño consentido por todos. Y ya llevo viendo en este club demasiados sinvergüenzas con ánimo de protagonismo como para seguir haciéndole el culo gordo a nadie. Y menos a 350.000€ anuales. Estoy hasta los cojones de los Pedro Cortés, Jaime Ortí, Jaime Molina, Paco Roig, Juan Soler, Ramón Aznar, Társilo Piles, Jesús Barrachina, Manuel Llorente, y tantos otros. 20 años de S.A.D. y las caras siguen siendo las mismas, no han cambiado. Y, encima, se permiten el lujo de dar sermones y moralinas en los medios de comunicación que se lo admiten. Periodistas deportivos que han perdido la esencia de su profesión para convertirse en meras bocas agradecidas.

Al socio se le exige pagar uno de los abonos más caros de Primera División ( y me importa tres cojones si es a plazos o al contado), se le exige pagar por la Champions (que otros clubes lo incluyen en el abono) y, encima, se le engaña en la compra de las acciones de la ampliación de capital insinuando una democratización que era imposible de facto. A eso hay que añadir la falta de ambición que reina en este club, en el que se trabaja por y para las amistades, en el que no se defiende al socio/abonado, si no que se le ningunea, se le explota y menosprecia, y en el que el presidente miente de forma descarada en todas las ruedas de prensa que convoca (y encima presume de ello y de tener credibilidad, que tiene cojones la cosa). Lo que me extraña es que haya gente que aún defienda esta gestión. De algunos tengo claro el por qué, de otros no tanto, pero con su pan se lo coman. Ni la gestión del presidente es para presumir, ni la de los mamporreros que conforman un Consejo de Administración que es una absoluta mentira, ni la de un Director Deportivo, sin mérito alguno para estar en el cargo que ostenta, cuya única función es la de dar cabotàs a la voz de su amo. Porque si este señor fuera un Director Deportivo de los de verdad, de los auténticos profesionales, hubiese dimitido marchándose con la cabeza bien alta y no hubiera consentido la confección de una plantilla descompensada que hace aguas por todas partes, ni hubiese admitido ciertas ventas, renovaciones y no-renovaciones como las acaecidas este pasado verano. Y así nos va a ir, al tiempo.

Y luego llega la rueda de prensa de hoy (quisiera yo saber por qué se llama así, si la prensa ni ha aparecido), en la que un señor, impuesto por un banco y un gobierno autonómico (al que llaman Gran gestor, entiendo que irónicamente), se permite el lujo de presumir de ser un mentiroso y un inútil. Sólo ha faltado que le hicieran la ola los presentes. Hubiese sido apoteósico. Supongo que no ha ocurrido porque Manolo Más no ha sido hoy el encargado de la animación, y gracias damos por ello.

No me extraña que seamos el puto hazmerreír de media España (y parte del extranjero).

Blade Runner (parte 1)


CartelTÍTULO ORIGINAL: Blade Runner
AÑO: 1982
DURACIÓN: 112 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Ridley Scott
GUIÓN: David Webb Peoples y Hampton Fancher (Novela: Philip K. Dick)
MÚSICA: Vangelis
REPARTO: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Daryl Hannah, Edward James Olmos, Joanna Cassidy, Brion James, Joe Turkel
PRODUCTORA: Warner Bros. Pictures
PREMIOS: 1982: 2 nominaciones al Oscar: Mejor dirección artística, efectos visuales; 1982: Nominada al Globo de Oro: Mejor banda sonora original; 1983: 3 BAFTA: Fotografía, vestuario, direcc. artística. 8 nominaciones; 1982: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor fotografía
GÉNERO: Ciencia ficción, Acción, Thriller futurista

SINOPSIS: A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation creó, gracias a los avances de la ingeniería genética, un robot llamado Nexus 6, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, al que se dio el nombre de Replicante. Estos robots trabajaban como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de Nexus-6, los Replicantes fueron desterrados de la Tierra. Brigadas especiales de policía, los Blade Runners, tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado la condena. Pero a esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba “retiro”.

Una de las cosas que menos me gusta de la industria cinematográfica es el continuo interés por los remakes o por ese sacacuartos llamado “nueva versión“, al que suelen adjudicarle nombres rimbombantes como Director´s cut, Final cut o Ultimate cut. Luego los fans correrán, poseídos por el amor al culto, a por sus nuevos 20″ de carácter exclusivo o a disfrutar con el lifting de Jabba el Hutt. Lo de los remakes puedo llegar a entenderlo. Si la nueva revisión aporta un rejuvenicimineto del clásico o, quizás, nuevos puntos de vistas que le permiten superar al original, uno consigue disfrutar con el nuevo film tanto como con el primero. Por ejemplo, La mosca (The fly, Kurt Neumann, 1958; David Cronenberg, 1996; basadas en el relato homónimo de George Langelaan). Ambas películas son jodidamente buenas, tanto que yo no sabría con cual de las dos quedarme: si con el encanto y candidez de la protagonizada por Vincent Price o con la sordidez en el devenir del Jeff Goldblum de la segunda. Otro más, El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, Christian Nyby, 1951; basados en el relato de John W. Campbell Jr.: Who Goes There?) y La cosa (The thing, John Carpenter, 1982), difícil decidir. Evidentemente hay otros tipos de remakes, los absolutamente insustanciales, ésos que no sabes muy bien qué ha pretendido el director filmando, plano a plano, escena a escena, secuencia a secuencia, exactamente lo mismo que el realizador original. Ejemplo de libro: Psicosis (Psicho, Alfred Hitchcok, 1960; Gus van Sant, 1998; ambas basadas en la novela de Robert Bloch). Y luego están los innecesarios, los que cuesta comprender quién tuvo la brillante idea de hacer un refrito de absolutos clásicos del cine y que, evidentemente, siempre van a salir perdiendo en cualquier comparativa: King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedshak, 1933; John Guillermin, 1976; Peter Jackson, 2005) o la reciente Desafío total (Total recall, Paul Verhoeven, 1990; Len Wiseman, 2012; a partir del relato Podemos recordarlo por usted al por mayor, Philip K. Dick)

Respecto a lo de las nuevas versiones, podemos utilizar la película de Blade Runner como ejemplo y de paso la revisamos en su totalidad.

La china

Blade Runner es una película de Ciencia Ficción, de éso creo que nadie tiene dudas. Pero no es sólo Ciencia Ficción, también es Cine Negro en estado puro, y se sitúa en una de las primeras posiciones del escalafón para cualquier amante del género CI-FI (siempre podemos discutir cuál es la primera, pero seguro que el film de Scott está siempre en un listado de 10 películas). El hecho de tener varias versiones de esta película hace que, por ejemplo, ese componente noir sólo se vea de forma clara en las primeras versiones, pero no en las últimas. Algún despistado puede estar, en este momento, preguntándose de qué estoy hablando. Tal vez, para que lo comprenda mejor, deberíamos explicar un poco la historia de la película.

La película es la adaptación cinematográfica de una novela, de título extraño, del norteamericano Philip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), de la que sólo toma algunos conceptos y situaciones, pero alejándose mucho de la esencia de la obra original. Dirigida por Ridley Scott, está considerada como una de las obras cumbres de la Ciencia Ficción cinematográfica y precursora del subgénero conocido como ciberpunk. La obra se estrenó en 1982 con una acogida bastante pobre por parte de la crítica y de los aficionados al cine norteamericanos, no así en el resto del mundo, hecho que hizo que se convirtiera en película de culto.

El considerable éxito de la película hizo que la Warner se decidiera a ir sacando nuevas versiones de la misma, de tal modo que hoy día podríamos encontrar siete películas diferentes a partir de un mismo origen, con pequeños cambios en unas y cambios sustanciales en otras. Este maremagnum lo único que consigue es que cualquier conversación sobre Blade Runner haga que los aficionados se vuelvan locos intentando determinar de qué versión habla cada uno de los contertulios (¡Hostias, como con Star Wars!). El listado quedaría más o menos así:

Versión 1: La más conocida de todas porque fue la que se estrenó en todo el mundo, excepto USA: el montaje internacional. Contiene el happy end y la voz en off de Deckard.
Versión 2: La que se estrenó en los USA. Es prácticamente igual a la internacional salvo en algunas escenas violentas: el montaje doméstico.
Versión 3: La versión para TV, en la que aún se recortan más las escenas de violencia.
Versión 4 y 5: Dos versiones de trabajo, para preestrenos y festivales. Una de ellas se editó en 1991 como Director’s cut, sin el consentimiento de Ridley Scott.
Versión 6: Con motivo del 10º aniversario (y con la aprobación, ahora sí, de Scott) se puso a la venta y se reestrenó en 1992. Contiene pequeños cambios de edición, se incluye la escena de Deckard encontrado el unicornio de origami de Gaff, se elimina la voz en off, se reintroduce la escena del sueño del unicornio (es una toma de la película Legend) y se elimina el happy end. Estos últimos cambios hacen que el argumento sufra cambios sustaciales en su interpretación.
Versión 7: El Final cut, 2007. Remasterización digital, sonido 5.1 y mejora de los efectos especiales. Se añade una escena de bailarinas completamente insustancial.

Existe un pack (la edición superchachi es un maletín como el de Deckard lanzado en 2007) con 5 de las 7 versiones: faltan una de las versiones de trabajo y la que se creó para TV. Como buen friki, el menda la tiene (no el maletín), y la verdad es que viene de maravilla para ver las diferentes modificaciones.

Final cut pack

Las variaciones

Para mí, personalmente, la mejor de todas sigue siendo la primera versión. Llamadme nostálgico si queréis, pero es a la que más cariño le tengo y, por tanto, la que considero más completa. Eso sí, el puto happy end me toca mucho las narices. Es imposible creerse ese final. Hemos pasado dos horas de película entre oscuridad, lluvia, negativismo… y llega el tío Ridley y dice: ¡¡Toma ya, con dos cojones!! (realmente fue más cosa de los productores que se veían que el chiringuito se les venía abajo, pero mola más así 🙂 ). Un sol naciente, un cielo despejado, verdes montañas, un Cadillac descapotable (es broma), los dos tortolitos felices y que coman perdices. Pues no, colega, así no. Este final es una de las partes que cambian a partir de la versión del 92, es  eliminado y ahora finaliza cuando Deckard y Rachael entran en el ascensor, quedando así más dramático y acorde a la ambientación del resto del film.

La película tiene dosis de las viejas historias de cine negro de los 40’s, con esa voz en off poniéndonos en situación, mostrando la verdad subjetiva de Deckard y, por tanto, la única en la que podemos creer realmente. Al parecer, este recurso se adopta tras los preestrenos en USA ya que el público parecía no haber entendido muy bien la historia de la película. Lo gracioso viene cuando en la versión del 92 la quitan y te preguntas: ¿eran los espectadores del 82 más tontos que los del 92? No le preguntéis a Scott, que seguro que os intenta vender la primera chorrada que se le pase por la cabeza. Yo desde luego no me lo creo, pienso que con esta modificación lo que se pretende es conseguir que el  espectador dude si el protagonista es un ser humano o si, en realidad, es un androide y así vendernos una nueva película… sin tener que entrar en gastos de rodaje.

Y el tercer cambio (la adición de dos escenas: el unicornio del sueño y la que muestra a Deckard encontrando el origami) es el que hace que la eliminación de la voz en off sea una nimiedad, porque esta variación cambia por completo el significado de la película original, no sólo de estética sino de argumento: toda la historia que conocíamos en 1982 se va al garete y es girada 180º para ofrecernos una interpretación completamente contraria a la de la primera versión y, dicho sea de paso, terminar de distanciarse de la idea original del libro de Dick.

En resumen, las versiones podríamos resumirlas en dos: 1982, el montaje internacional, y 1992, la Director´s cut. El resto pueden ser tomadas como mera anécdota por contener simples variaciones estéticas.

(Fin de la primera parte)

Carretera perdida


CartelDirector: David Lynch

Título en VO: Lost Highway

Intérpretes: Bill Pullman, Patricia Arquette, Robert Blake, Giovanni Ribisi, Balthazar Getty, Richard Pryor, Robert Loggia

País: USA, Francia

Año: 1997

Duración: 135 min.

Clasificación: Mayores 18 años

Género: Thriller

Guión: David Lynch, Barry Gifford

Música: Angelo Badalamenti

Antes que nada, debemos reconocer una cosa: David Lynch es odiado o amado. No hay medias tintas. Sus películas abruman al espectador de tal forma que sólo cabe esa dicotomía: o es un maestro o un tío con ínfulas y ganas de joder al espectador. Entiendo que pueda haber gente que catalogue sus película de paparruchadas, no las entienden y, por tanto, consideran a los que creen hacerlo de snobs, gafapastas y tal. A mi las idioteces de Torrente (Santiago Segura) me parecen un insulto a la inteligencia y ya sabemos la recaudación que tienen.

Corre el año 1997, tras el tremendo fiasco que Twin Peaks: fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk with Me, 1992) supone para buena parte de sus seguidores, David Lynch presenta su nuevo proyecto cinematográfico: Carretera perdida (Lost highway). La película, esperada durante cinco largos años, creó la expectativa por saber si el genio de Missoula volvería por sus fueros o acabaría, lastimosamente, hundido el mayor de los olvidos. Por suerte para el mundo del celuloide Lynch sobrevivió… y de qué manera.

David Lynch ha reconocido varias veces que sus películas surgen a partir de una o varias ideas que luego él plasma sobre el papel hasta construir el guión. En el caso de este film, las ideas (según se teoriza) le llegan de un libro y una llamada equivocada. El libro pertenece al coguionista de la película Barry Gifford, su título Gente nocturna (Night People), y en él aparece la frase “Lost highway” en boca de uno de los personajes. Respecto a la llamada, el autor asegura que sonó el teléfono en su casa y, al contestar, alguien le espetó “Dave, Dick Laurant está muerto”. Según parece la llamada iría dirigida a un vecino llamado David Landers.

La película comienza con un músico de jazz, Fred Madison (Bill Pullman), que recibe una serie de misteriosas cintas de video en las cuales se ven filmaciones del exterior e interior de su casa, incluidas algunas en las que aparece su esposa Renée (Patricia Arquette), antigua actriz porno con la que se siente incapacitado a tener relaciones sexuales. La pareja contacta a la policía, que les hace algunas recomendaciones. Un día Fred observa a solas una de las cintas que llegan a su domicilio en la que ve que su esposa es brutalmente asesinada y él se encuentra junto a ella. Efectivamente la mujer es asesinada y Fred es culpado por el crimen y encarcelado.

Renée y Fred

En la cárcel mientras se espera la ejecución de Fred, un vigilante descubre que en la celda de seguridad del condenado aparece un sujeto diferente a él: se trata de Pete Dayton (Balthazar Getty), quién había desaparecido tiempo atrás. Los guardias de seguridad, conmocionados por el hecho y sin poder entender cómo Fred ha podido escapar de la celda de seguridad y a su vez cómo Pete ha podido entrar en ella, se ven en la obligación de liberar a este último, ya que no ha cometido ningún crimen. Pete regresa a su trabajo en un taller mecánico, donde conoce a una explosiva rubia, Alice Wakefield (Patricia Arquette), novia de un gangster, con la que mantiene una tórrida relación.

El universo cinematográfico de Lynch, salvo esa cosa rara llamada Dune (Dune, 1984, basada en la obra homónima de Frank Herbert), se mueve bajo tres elementos básicos: la mente humana, las relaciones interpersonales y los efectos de las segundas sobre la primera. Esto hace que en sus películas se mezclen de forma compleja los elementos reales con los irreales, bien sean oníricos o complejos desvaríos. Carretera perdida no se sale de este camino, el cambio radical en la historia nos introduce en un entorno de múltiples niveles superpuestos en los que no logramos discernir qué es real, qué irreal o si, por el contrario, nada es real o imaginario. Las interpretaciones e intentos de buscar la lógica van poco a poco cayendo como naipes sin lograr encajar, perfectamente, todas las piezas del puzzle. Siempre nos queda alguna sin hueco en el que fijarla.

Aunque lo realmente bueno de cualquier película de Lynch (al menos a mí así me parece) es que tampoco necesitas entenderlo todo para disfrutar de sus imágenes, de su música y de su técnica. Es como flotar en un líquido dejándote llevar sin importar el cuándo o el dónde, simple magia.

Sobre la interpretación de la película tengo mi propia teoría, no es ni mejor ni peor que la de cualquier otro, y seguramente alguien podrá encontrarle fallos, pero creo que permite entender el argumento de una forma más o menos coherente. Lo expondré al final para que nadie se lleve ninguna sorpresa. Eso sí, para poder lograrlo, me di una sesión continua de la película durante un fin de semana: tres visualizaciones completas de las que disfruté como un enano.

En referencia a los actores, absolutamente brillantes todos, pero en esta película yo me decanto por dos: Robert Blake (conocido en los años 70 por ser el protagonista de la serie Baretta) y Patricia Arquette. Blake, en el papel de hombre misterioso, consigue que sientas auténtico pánico sólo con su cara pintada de blanco y su media sonrisa. Acabas realmente asustado cuando el objetivo de la cámara se llena por completo conforme se va acercando hacia su cara. Respecto a Arquette, en la vida volverá a hacer un papel como éste, en la vida estará tan sensual, provocadora y deseada como en esta película, en la vida sentirás pasión por un personaje del celuloide como con Alice.

Alice y Pete

La música, simplemente brutal, desde las composiciones de Angelo Badalamenti hasta las canciones elegidas para el film. Una de las cosas grandes de Lynch (como sucede con Quentin Tarantino) es que tiene un jodido gusto para la música absolutamente fabuloso. Es complicado destacar (en una banda sonora en la que hay gente como David Bowie, Marilyn Manson, Rammstein o Nine Inch Nails)  una sola canción, pero ocurre que existe una canción que el director incluyó en el film y que me vuelve loco desde los tiempos de Héroes del silencio. Cualquiera que haya ido a un concierto de la banda de Enrique Bunbury sabrá que, al iniciar el concierto, siempre sonaba una misma canción: Song to the siren (Tim Buckley), en la versión de ese extraño grupo llamado This mortal coil. Y la canción sonando mientras los protagonistas se aman en la arena de la playa bajo la luz de los faros de un coche y, de fondo, el fuego arrasanado una pequeña casa de madera. Simplemente sublime. Song to the siren aparece una segunda vez en la película, un abrazo entre Fred y su esposa Reneé.

Fuego

Mi recomendación es que la veáis sin haceros una idea preconcebida, que os dejéis fluir por la imagen y luego intentéis entenderla con un segundo, o tercer visionado si es necesario. Si anteriormente las películas de Lynch os han resultado insufribles, mejor ni lo intentéis.

(Esta es mi explicación. Contiene spoilers)

Hace un tiempo ya ví esta película tres veces seguidas en menos de dos días. La primera vez me quedé alucinado. No había entendido un pijo y sin embargo estaba extasiado: por la película y por Patricia Arquette (hay que ver como se ha desmejorado esta muchacha :P). En la segunda visualización, el punto de vista varió, la cosa empezaba a tener sentido y, aún con muchos puntos sin resolver, conseguía entrever cual era la historia. En el tercer visionado intenté fijarme en determinadas cosas y creo que la trama se resolvió claramente ante mis ojos. Evidentemente es “mi solución”, con sus cabos sueltos, pero es la única que tengo… y para que fuera la verdadera mi cabeza debería ser la de David Lynch, y no es el caso.

A partir de aquí mi interpretación:

  • Sólo hay un grupo de escenas reales (que el protagonista viva en el presente), las que se sitúan entre el interrogatorio de los policías en la cárcel y la escena en la celda justo antes de que aparezca Pete sustituyendo a Fred.
  • Todo lo anterior son los recuerdos de Fred “a su manera” de los momentos previos a los asesinatos de Andy, Dick y Renee.
  • La narración de Pete puede venir de dos causas: las drogas que le suministra el médico de la cárcel o un primer intento de ejecutarlo con la silla eléctrica y que lo deja trastornado, tergiversando sus recuerdos y mezclando realidad con fantasía. Al final se produce una segunda ejecución y su fallecimiento.

La historia yo la entendería más o menos así:

  1. Fred conoce a Reneé, actriz porno y bajo la tutela de Andy y Dick. Fred cree que su mujer ha dejado el porno, pero sus vidas se convierten en pura rutina. Una rutina en la cual nuestro protagonista no puede mantener relaciones sexuales con su mujer y se centra principalmente en su música. La mujer, en cambio vuelve a sus películas bajo la mano de Dick y Andy, con los que probablemente mantenga relaciones. Una de las noches Fred se da cuenta de todo y decide matarlos a los tres. Por la razón que sea su mente se nubla y sus recuerdos desaparecen.
  2. Una vez en la cárcel, Fred empieza a recordar, empiezan sus remordimientos y es cuando su mente empieza a desvanecerse, no duerme y eso le lleva al médico de la cárcel que le receta alguna droga para dormir. Bien por la droga o bien por una primera descarga eléctrica, su cerebro hace plof y comienza a tener recuerdos tergiversados bajo otra personalidad: Pete.
  3. Pete es un veinteañero que ha sufrido una especie de accidente (aunque nunca sabremos exactamente qué le sucede), trabaja en un taller y tiene una novia. Pero su vida cambia cuando conoce a Alice, una actriz porno y querida del Sr. Eddie. En realidad Alice es Renee y el Sr. Eddie es Dick.
  4. La ficción va mezclandose poco a poco con la realidad y nos encontramos con un fondo en el que todo se compra y todo se vende, todo es una especie de submundo corrupto en el que todo vale. Hasta que Alice le dice a Pete que nunca será suya y éste vuelve a ser Fred. Un Fred que descubre a Renee con Dick… y se desencadena todo.
  5. El Sr. Misterioso parece ser un simple paso hacia la locura, el odio, el asesinato,… cualquier interpretación sería válida
  6. La escena final es simplemente la representación de la ejecución de Fred en la silla eléctrica.
  7. La frase de “Dick Lauent está muerto” parece un nexo para unir los dos extremos de un círculo.
  8. Hay una imagen que me deja un pelín desconcertado, y conociendo a Lynch debe tener su explicación: la mano de Renee con el anillo. No se si quiere significar que Renee no era realmente la esposa de Fred o un simple intento del protagonista de asegurar que era suya, que él es quien la posee.

Señor Misterio

Hay que ser muy hijo de puta


El mundo del cine ha bebido, desde los principios de su creación, de la literatura. Desde aquel Viaje a la Luna (Le Voyage dans la Lune, Georges Méliès, 1902), basado en De la Tierra a la Luna de Jules Verne, hasta las adaptaciones actuales (por ejemplo Mecanoscrito del segundo origen, en manos de Bigas Luna. ¡Qué miedo me da!), ambos mundos se han ido retroalimentando en una especie de simbiosis que en muchos casos ha sido realmente gratificante, hasta tal punto que en ocasiones es más fácil reconocer el nombre de la película que el del libro original. Seguro que muchos conocéis Blade Runner (Ridley Scott, 1982), pero algunos menos sabréis que el nombre original del libro es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick); o a todos os sonará Desafío total (Paul Verhoeven, 1990), pero casi seguro que no teníais ni idea que el relato se llama Podemos recordarlo por usted al por mayor (Philip K. Dick). Claro que, todo sea dicho, cualquiera que haya leído estos libros o relatos y haya visto las películas sabrá que los parecidos entre original y adaptación son pura coincidencia.

Philip K. Dick debe ser uno de los autores que más relatos o novelas tiene versionados en la gran pantalla, pero estoy seguro que Stephen King le gana por goleada. Entre tantas obras que han sido adaptadas del maestro del terror, en 2007, Frank Darabont (Cadena perpetua, 1994), decidió realizar un relato de King llamado La niebla. La idea original fue más o menos respetada: un pueblo, un banco de niebla denso, ruidos y monstruos surgidos de ese manto lechoso y problemas interpersonales, pero el director y guionista decidió cambiar el final. La película en sí no llega ni a pasable, pero ese cambio en el desenlace consigue que la muy puta permanezca en la memoria de forma inquebrantable.

(Si quieres ver la película no leas lo siguiente)

Trama previa: un pueblo, una banco de niebla que lo cubre todo, un supermercado, ruidos y gruñidos surgidos de la niebla, monstruos asesinos,  gente encerrada en el super, conflictos y gente que huye del pueblo en coches…

Escenario: un vehículo detenido en medio del camino por falta de combustible. El exterior completamente blanco, sin visibilidad.

Personajes: (5) David (el protagonista), su hijo, una chica que ha conocido en el supermercado y una pareja de ancianos.

Objetos relevantes: una pistola con 4 balas.

… Después de que el coche se detenga y de que los ruidos externos sean constantes, los ocupantes del vehículo toman la decisión de suicidarse. Pero existe un problema: sólo hay cuatro balas. David  se “sacrifica” y va matando a los otros personajes, incluido su propio hijo. Completamente abatido y destrozado por lo ocurrido, decide acabar con su vida, sale del vehículo y comienza a gritar hacia la niebla, pidiendo que lo maten de una vez. En ese momento, comienza a oírse ruidos, la niebla se va despejando poco a poco y nuestro protagonista ve como por delante de sus ojos va pasando un convoy militar que va recogiendo supervivientes y eliminando los monstruos que van quedando. Un par de soldados se acercan a él para comprobar que se encuentra bien…

(Fin del spoiler)

Evidentemente, el desarrollo de la película y el final tienen algunos detalles más que hacen que sea aún más cabrón, pero ver ese desenlace pone los pelos de punta del mal rollo que da. En el relato original, la historia acaba de forma esperanzadora, algo inadecuado para mi gusto, cuando los ocupantes del vehículo escuchan por la radio del coche una emisión de radio, lo que supone un hilo de esperanza. Asi, leído, no resulta excesivamente convincente, así que os recomiendo verlo y disfrutarlo.

(Abajo tenéis un video de youtube con el final, está en portugués, creo, pero sólo con ver las imágenes se entiende bastante bien)

Prometheus o el fuego extinguido


Cartel PrometheusDirector: Ridley Scott

Título en VO: Prometheus

Intérpretes: Michael Fassbender, Noomi Rapace , Charlize Theron, Guy Pearce, Patrick Wilson, Idris Elba

País: USA

Año: 2012

Fecha de estreno: 03-08-2012

Duración: 123 min.

Género: Acción, Ciencia ficción, Terror

Guión: Damon Lindelof

Hace muchos años, casi 35, un guionista y un director (sin casi experiencia ninguno de los dos) crearon una de las películas de referencia de la Ciencia Ficción actual: Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979). Sus nombres: Dan O’Bannon, el guionista, y Ridley Scott, el director. Dicha película marcó un hito al mezclar, en un solo film, los géneros de Ciencia Ficción y Terror. El éxito fue inmediato a pesar de los temores iniciales a que se convirtiera en un rotundo fracaso. Los avatares de aquella película podríamos narrarlos en otro artículo, pero hoy nos vamos a centrar en su (teórica) precuela.

Ante todo, indicar es que soy fan (muy fan) de la primera película de Alien, bastante fan de la segunda (Aliens, James Cameron, 1986), pero que ahí acabo. Ni la tercera, ni la cuarta, ni esos engendros de mezcladillo con el otro extraterrestre chungo me gustan. Es más, aborrezco de ellos. Resaltar también que, tras ver los trailers, tras rememorar la primera película por enésima vez, me había hecho ilusiones, muchas, y eso hizo que fuera de cabeza a verla el día del estreno.

Escena inical

3 de Agosto, 2012. 17:30 horas. Sólo. 8 euros, cargado de palomitas y Coca-cola. Móvil apagado (como suene alguno soy capaz de matar). Ojos como platos. Empieza el espectáculo… THE END

Si después de aparecer ese cartel (que ya no ponen, maldita sea la gracia), y tras el posterior encendido de las luces, alguien me hubiese preguntado qué me había parecido la película, probablemente lo único que le hubiera dicho es “¿Qué coño es ésto?”. El nivel de aturdimiento era tan grande que no hubiese podido decir nada más, absolutamente imposible. Afirmar que esa cosa era una precuela de Alien es el mayor sacrilegio que se puede cometer contra un amante de la Ciencia Ficción. Intentar digerir que Ridley Scott ha firmado semejante estupidez es muy difícil y complicado. Que un tío que ha creado el Alien original, que ha montado fotograma a fotograma esa joya llamada Blade Runner (1982), haya puesto su nombre en semejante bodrio es incomprensible para cualquier fanático del género.

(Lo que viene a continuación puede contener spoilers, herir sensibilidades y joderle la vida a más de uno. Avisados estáis)

Analicemos por partes, la historia, a grandes rasgos, es la misma del primer Alien con cuatro cosas cambiadas. El problema no sería mayor si el guión, su desarrollo, fuese bueno… pero es que no lo es. El guionista (o uno de ellos) fue uno de los creadores de Perdidos (Lost), aquella serie llena de engaños y trampas de los que al final ya no sabían ni como resolver la mitad de ellos. Pues bien, el tío ha debido creer que estaba haciendo un capítulo de Perdidos en el espacio (Lost in space), porque si no es imposible entender el batiburrillo de chorradas y memeces en que ha convertido la historia que intenta narrar, más propia de Bob Esponja que de una película de Ciencia Ficción.

El inico de la película parece un claro homenaje a 2001, una odisea espacial (2001, A space odissey, Stanley Kubrick, 1968), film del que Scott se declara gran admirador y a la que también recurre en otras partes del metraje. Tras los títulos iniciales, la película nos plantea la posible existencia de unos seres extraterrestres que han creado la humanidad y que nos han dejado un mensaje para que los encontremos. Todo esto queda corroborado y confirmado por siete coincidencias en diferentes muestras de arte antiguo (sí, sé que suena raro, pero es lo que hay). Por ello se monta una expedición privada con el fin de intentar alcanzar el planeta indicado y tomar contacto con dichos seres. Para intentar lograr el éxito de la expedición se contratan a los más granados científicos del momento, sin escatimar en gastos, así como los medios más sofisticados. Hasta este momento todo correcto, hemos visto en pantalla a un Michael Fassbender en su papel de androide “enamorado” del Peter O’Toole de Lawrence de Arabia (David Lean, 1962), que se dedica a estudiar viejas lenguas y a espiar en los sueños de los tripulantes hibernados. Hemos visto como estos se despiertan tras un sueño de dos años y hemos conocido a la jefa del chiringuito, Charlize Theron. Justo en ese momento empiezas a torcer la boca: aparece un Guy Pearce con un maquillaje que parece salido de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), y empiezas a no entender el por qué. ¿Tanto costaba contratar un actor mayor y no hacer semejante esperpento? El problema es que acabas olvidando eso, ese maquillaje se convierte en una nimiedad porque a partir de ese instante las idioteces se suceden una tras otra de forma vertiginosa y sin vaselina.

La nave consigue llegar sin problemas al planeta en cuestión y los científicos más fantásticos del planeta Tierra se convierten, de repente, en unos inconscientes púberes recién salidos de un colegio español tras los recortes en educación del gobierno de Mariano Rajoy. ¡¡Madre de Dios!! Y a ésto lo llaman Ciencia Ficción: científicos quitándose la escafandra en una atmósfera desconocida, geólogos capaces de crear un mapa tridimensional de su entorno y que se pierden dando vueltas por el mismo sitio una y otra vez (que sí, que el tío es punk y fuma maría, coño, pero ni por esas), biólogos que pretenden hacerle cosquillas a una serpiente extraterrestre… Y así, como diría Buzz Lightyear: “hasta el infinito y más allá“. Hubiese pagado por tener un espejo delante de mi rostro y ver las caras de alucine que estaba poniendo en esos momentos. Mi cerebro no se lo podía creer. Pero lo realmente jodido es que tonterías de esas hubo más, muchas más. Lo contado hasta aquí sólo supone el primer tercio de película, aproximadamente. Imaginaos el resto. Pero, probablemente, lo que más me indignó fue el tufillo a Creacionismo que flota en el ambiente de toda la película, algo muy coherente con la ciencia real y, por supuesto, con la Ciencia Ficción, y el reiterado encuadre sobre el colgante en forma de cruz que lleva la protagonista, Noomi Rapace. Supongo que será un guiño a todos los radicales ultraconservadores cristianos que hay repartidos por territorio USA, pero vete a saber.

Del resto de la película, por no estropearle nada más a nadie, volver a destacar que los esperpentos se siguen sucediendo uno detrás de otro, a cual más gordo. Insinuaré sólo unos más, en la nave existe una especie de cápsula médica capaz de realizar intervenciones quirúrgicas. Sólo existen unas pocas en el mundo y, por supuesto, valen un pastón. En un momento dado del film, la protagonista debe usarla de forma urgente y… ¡TACHÁN! no puede usarla porque la máquina está capada, sólo puede usarla una parte de la especie humana. ¿No me digáis que el guionista no es un putísimo genio? Y ahora una pregunta ¿Conocéis algún virus, bacteria o bichito cabezón e hijo de puta que a cada huésped invadido le afecte de una forma completamente diferente? Ahí lo dejo.

(Fin de los spoilers)

Respecto al reparto, solamente destacar a Fassbender y Theron. El primero porque consigue que creas que es un androide, aunque no entiendas por qué hace la mitad de las cosas, y la segunda porque o bien clava su interpretación o bien le pone tan pocas ganas que, sin quererlo, lo borda. No termino de tenerlo claro. El resto son todos más planos que una tabla de planchar, estereotipados, aburridos e intrascendentes. Nada que ver con el primer Alien en el que te da lástima que muera cualquiera de los personajes.

En cuanto a la parte técnica, la fotografía es absolutamente genial, todo sea dicho, muy en la línea de Ridley. Una imágenes iniciales espectaculares en Islandia y unas panorámicas realmente buenas en el planeta alienígena. Los efectos especiales están muy logrados y perfectamente encajados. En cuanto a la música, me resultó completamente insustancial y, por momentos, mal planteada o mal situada. Como puesta allí deprisa, sin pararse a pensar donde encajaba mejor. La escenografía (en las zonas pertenecientes al planeta extraterrestre) sigue la línea de las anteriores con diseños que continúan rememorando los originales de H. R. Giger. Respecto a la nave Prometheus, a mí sus interiores me recordaban más a la Discovery 1 (2001, una odisea espacial) que a la Nostromo de Alien.

El Space jockey de Giger

Respecto a si recomiendo verla: pues depende. Si eres un fan acérrimo de Alien o de la CI-FI, directamente NO VAYAS A VERLA. Si vas al cine y te da lo mismo ver una película de Luis Buñuel que una de Steven Seagal, o eres un amante de la fotografía paisajística, pues NO TE LA PIERDAS, seguro que le encuentras cosas buenas y todo.

Ah, una cosa que se me olvidaba, Alien hemos dicho que era una película de Ciencia Ficción y Terror. De Prometheus ya he comentado que es una Ciencia Ficción falsa, bueno pues el Terror no lo esperéis demasiado porque tampoco hay. Rizando el rizo, por no haber no hay ni acción. What the fuck??? Espero que a Scott el chiste le haya salido rentable, porque a mí no me ha hecho ni puta gracia.

Un saludo y buenas noches.

PD: En 2013 habrá Prometheus II, que no me esperen.

El jodido FIN


Desde hace mucho tiempo, tiempos inmemoriales ya, me ha gustado leer críticas y reseñas de libros y películas, tanto en revistas como en suplementos especializados: Fotogramas, Cinemanía, El Cultural, Babelia, Qué leer,… Me gustaba hacerlo porque me permitían descubrir obras que de otra forma me hubiese sido complicado ni tan siquiera intuir. En mayor o menor media, mis gustos solían coincidir con las evaluaciones publicadas, lo que hizo que poco a poco fuese utilizándolos como si fuese mi propio criterio. Pero de un tiempo a esta parte, tanto en las revistas de cine como en las de literatura, comienzo a notar una relajación (por no decir otra cosa) en las puntuaciones realmente preocupante. Más que preocupante: irritante y completamente desproporcionadas. Sé que alguien puede decirme que todo crítico no deja de ser un lector/espectador más, y por tanto sujeto a subjetividades. Lo admito, pero un medio de comunicación (gratuito o no, con prestigio o con expectativas de tenerlo) no puede consentir determinadas veleidades. Se juegan demasiado para consentir tropelías como la que voy a describir abajo. Es una crítica al libro Fin de David Monteagudo aparecida en la revista Qué leer en 2010, pero ejemplos puedo poner múltiples:

Título: FIN
Autor: David Monteagudo
Editorial: Acantilado
, 352 páginas. 19 euros.

Calificación: CUATRO TINTEROS

Un grupo de amigos se reúne tras un largo periodo de poco contacto para rememorar la noche que vivieron en un refugio de montaña quince años atrás. Algunos van con parejas y otros solos, pero falta uno de ellos, aquél al que llamaban El Profeta por su moral católica. Por la noche, tras un inesperado apagón, ven que las estrellas lucen más brillantes que nunca. Por la mañana uno de ellos ha desaparecido. No será el último.

Se han utilizado muchas referencias externas para hablar de las excelencias del debut de David Monteagudo. Han sonado nombres como el de Albert Sánchez Piñol, Cormac McCarthy o Rafael Sánchez Ferlosio, autores que tienen en común con este lucense esa pasión por narrarnos grandes contradicciones psicológicas en historias herméticas.

Fin no es una obra fácil: es un cuento que viaja del drama generacional a la ciencia ficción más oscura. El verdadero motivo para dejarse subyagar por esta trama apocalíptica tarda más de cien páginas en ser desvelado. En ese caso, me recuerda mucho a la novela de Stephen King El cazador de sueños, donde un drama banal y generacional se va conviertiendo poco a poco en una pesadilla alienígena. Aunque Monteagudo no es tan fan de los efectos especiales como el autor de Carrie: su prosa asfixiante, capaz de hacernos temblar de miedo en espacios abiertos a pleno sol, suele ser rica en detalles, como esos estallidos de naturaleza salvaje, preludio de una gran tragedia. Y, al contrario que King, Monteagudo huye de cualquier convencionalismo dentro del género, dejándonos el cuerpo maltrecho al compartir los miedos y dudas de sus protagonistas, sin explicaciones ni ataduras, sólo el auténtico horror de no saber nunca realmente lo que pasa. Una (nueva) mirada certera al apocalipsis que está llamada a ser el debut literario de este año.

Por Manu González

Vayamos por partes, lo primero decir que admiro a David Monteagudo por el hecho de haber conseguido publicar su novela (y las posteriores) sin ser un escritor profesional, por ser un trabajador de una fábrica que, con esfuerzo, ha logrado su sueño. Igual que admiro a gente como Bruno Nievas, Armando Rodera,… Todos ellos, con mayor o menor calidad, han conseguido darse a conocer, publicar y ser leídos. Mi aplauso. Pero hasta ahí llego, lo que viene a continuación es lo que me solivianta y me encabrona.

La crítica del libro habla de comparaciones, entre otros, con McCarthy o Sánchez Ferlosio. Yo me pregunto si el crítico (o las personas a las que se refiere) ha leído algo de estos señores para compararlo con tanta alegría. Incluso con Sánchez Piñol (otro que merecería una mención especial por escribir dos veces el mismo libro y que se los publiquen) queda extraño. Pues va a ser que no. Que ni de coña. Tú lees Fin y lo intentas comparar con La carretera, El Jarama o La piel fría y es como comparar un SEAT 600 desguazado con un Mercedes recién salido del concesionario, para mear y no echar gota.

El libro es, de forma clara y sencilla, una jodida patochada sin sentido, en el que se han rellenado páginas con palabras que, al final de la obra, no han conseguido explicar absolutamente nada. Si algunos críticos son capaces de valorar esta novela como de las mejores del año 2010, entonces mejor que dejemos de leer literatura española actual porque tiene un problema realmente grave. La obra comienza de forma infantil, con una escena cuanto menos mal escrita y mal descrita. Lo jodido es que, conforme avanzamos, pasamos a unas descripciones recargadas hasta la pedantería, explicaciones extensas de cosas que no terminas de comprender por qué nos las describe el autor de forma tan precisa. Pero hay más… De su contenido, como expectativa para leerlo, podemos decir que no hay nada, es el puto vacío. A lo largo del libro no sabes que pasa, por qué suceden las cosas y, para rematar, no hay final. Y te quedas con una cara de canelo que tira para atrás. Y si a eso le añadimos un desarrollo en el que todos los personajes son insustanciales, están encabronados entre sí (y tú no tienes ni pajolera idea de por qué) y los diálogos alcanzan la profundidad dialéctica de un parvulario, pues tenemos un cóctel que ni Dan Brown, tú. Y con leones, tigres, cabras montesas y galgos a tropel (por cierto, lo mejor del libro es la escena de los galgos en la gasolinera).

Si alguno tiene interés, hay un librito que tiene un inicio parecido (pero mejor todo lo demás) y que estoy seguro  que dejará mejor sabor de boca: Mecanoscrit del segon origen, de Manuel de Pedrolo (hay versión en castellano como Mecanoescrito del segundo origen).

Un saludo

PD: Se ve que no había bastante con el puto libro que encima han hecho una película, con Maribel Verdú. Luego nos quejamos. Fotogramas: http://www.fotogramas.es/Peliculas/Fin