Mi por qué


Hace unos días, en el programa de deportes de la Cadena SER en Valencia, que dirige el murciano Pedro Morata, se pedía a los aficionados que explicaran por qué no habían renovado el pase del Valencia CF. Las explicaciones, en su amplia mayoría, alegaban fundamentalmente a la crisis y los problemas económicos. Es posible que así sea, pero en mi caso las razones por las que dejé de hacerlo son mucho más profundas.

Hace tres años que dejé de renovar un abono del que disfrutaba desde hacía más de 20, desde aquellos tiempos de la General de Pie  anteriores a la llegada de Paco Roig y el famoso “buñuelo” que hizo que los viejos ocupantes de la zona más elevada del estadio nos repartiéramos por el remozado Mestalla en una diáspora sin retorno. Y no me arrepiento. He visto de todo, triunfos, derrotas, alegrías y tristezas. He pasado frío, calor, me he mojado y, en alguna ocasión, he ido con  fiebre al campo. He conocido gente, he compartido cervezas y he tenido fuertes discusiones, todo dentro de esas graderías. Pero repito, lo he abandonado y no me arrepiento, más bien al contrario. Entre todos han conseguido que, lo que en su momento era una de mis pasiones, pase a ser un mero entretenimiento por el que, en no pocas ocasiones, si es necesario, no pierdo ni un segundo de mi vida. Triste, ¿verdad?

Pudiendo pagar un pase cuyo coste ha ascendido en casi un 70%, gracias ese engaño llamado ampliación de capital (de 280€ que costó el último, a los 475€ de este año), en su momento decidí no hacerlo. Esta alteración del precio se produce porque me negué a pagar 500€ por 10 acciones sin valor alguno. Y no, 500€ no son sentimiento, son un puto engaño consentido por todos. Y ya llevo viendo en este club demasiados sinvergüenzas con ánimo de protagonismo como para seguir haciéndole el culo gordo a nadie. Y menos a 350.000€ anuales. Estoy hasta los cojones de los Pedro Cortés, Jaime Ortí, Jaime Molina, Paco Roig, Juan Soler, Ramón Aznar, Társilo Piles, Jesús Barrachina, Manuel Llorente, y tantos otros. 20 años de S.A.D. y las caras siguen siendo las mismas, no han cambiado. Y, encima, se permiten el lujo de dar sermones y moralinas en los medios de comunicación que se lo admiten. Periodistas deportivos que han perdido la esencia de su profesión para convertirse en meras bocas agradecidas.

Al socio se le exige pagar uno de los abonos más caros de Primera División ( y me importa tres cojones si es a plazos o al contado), se le exige pagar por la Champions (que otros clubes lo incluyen en el abono) y, encima, se le engaña en la compra de las acciones de la ampliación de capital insinuando una democratización que era imposible de facto. A eso hay que añadir la falta de ambición que reina en este club, en el que se trabaja por y para las amistades, en el que no se defiende al socio/abonado, si no que se le ningunea, se le explota y menosprecia, y en el que el presidente miente de forma descarada en todas las ruedas de prensa que convoca (y encima presume de ello y de tener credibilidad, que tiene cojones la cosa). Lo que me extraña es que haya gente que aún defienda esta gestión. De algunos tengo claro el por qué, de otros no tanto, pero con su pan se lo coman. Ni la gestión del presidente es para presumir, ni la de los mamporreros que conforman un Consejo de Administración que es una absoluta mentira, ni la de un Director Deportivo, sin mérito alguno para estar en el cargo que ostenta, cuya única función es la de dar cabotàs a la voz de su amo. Porque si este señor fuera un Director Deportivo de los de verdad, de los auténticos profesionales, hubiese dimitido marchándose con la cabeza bien alta y no hubiera consentido la confección de una plantilla descompensada que hace aguas por todas partes, ni hubiese admitido ciertas ventas, renovaciones y no-renovaciones como las acaecidas este pasado verano. Y así nos va a ir, al tiempo.

Y luego llega la rueda de prensa de hoy (quisiera yo saber por qué se llama así, si la prensa ni ha aparecido), en la que un señor, impuesto por un banco y un gobierno autonómico (al que llaman Gran gestor, entiendo que irónicamente), se permite el lujo de presumir de ser un mentiroso y un inútil. Sólo ha faltado que le hicieran la ola los presentes. Hubiese sido apoteósico. Supongo que no ha ocurrido porque Manolo Más no ha sido hoy el encargado de la animación, y gracias damos por ello.

No me extraña que seamos el puto hazmerreír de media España (y parte del extranjero).

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