Nunca me abandones – Kazuo Ishiguro


Esta es una vieja entrada que hice en otro blog abandonado hace ya un tiempo. Estaba buscando en él un artículo que puse sobre H. R. Giger y, sin quererlo me detuve en esta entrada porque fue un libro que realmente me impactó y consiguió darme auténtico miedo respecto al futuro de la humanidad. Es por ello que la rescato y la actualizo para que los que no lo leísteis en su momento podáis hacerlo ahora.

Uno de las cosas que siempre me ha gustado de Internet es la posibilidad de poder compartir cosas con gente de todo el mundo: charlas de cine, de literatura, discutir sobre fútbol o compartir fotografías. Todas esas cosas, en mayor o menor media, son las que ahora recojo en este blog. Uno de los primeros foros en los que me inscribí (y donde aún sigo con mayor o menor frecuencia) fue  Abretelibro. Allí se organizan lecturas conjuntas de libros para poder ir comentándolos entre todos los usuarios que lo deseen. En muchas ocasiones, dichos comentarios permiten ir matizando, dando nuevas perspectivas, a todo aquello que vamos leyendo.

El caso es que hicimos uno de esos Clubs de lectura de este libro de Kazuo Ishiguro. Un japonés residente en el Reino Unido desde su más tierna infancia. Una historia que, básicamente, podríamos tildar de Ciencia Ficción. Y digo básicamente porque ni siquiera su autor la reconoce como tal. Y para mucha gente que sólo entiende la CI-FI como algo lleno de marcianitos y rayos láser es difícil hacerles entender que esto, una distopía, una utopía perversa, una historia en la que el mundo deja de ser perfecto para convertirse en el más desagradable de los entornos, en el más apocalíptico de nuestros futuros próximos (ejemplos hay muchos en la literatura: 1984, de George Orwell; La naranja mecánica, de Anthony Burgess; Un mundo feliz, de Aldous Huxley…), también es Ciencia Ficción. Todo ésto, repito, en contra de lo que el autor afirma. Él define la historia como realidad alternativa, pero ¿qué es una distopía si no eso mismo? Si yo tuviera que definirla de algún modo, con sólo un par de palabras, sólo podría decir: imprescindible y pesar. No es un libro fácil de sobrellevar, así que si eres una de esas personas a las que no les gustan las historias sin final feliz… mejor no sigas leyendo.

Escrita (y leída) con parsimonia, a paso lento, nos narra los recuerdos de una antigua interna de Hailsham, un típico colegio inglés, con campiñas, praderas, bosques. Pero no es un colegio elitista, si no algo mucho más siniestro. Sin las estrictas normas típicas de la educación inglesa, los alumnos son inducidos a desarrollar su creatividad, porque ellos son especiales. Y es esa cualidad especial la que va haciendo que el libro, conforme pasamos sus páginas, se vaya convirtiendo en un tormento para el lector, un nubarrón que va encogiendo el corazón hasta hacernos ver que no hay esperanza para ellos.

SPOILERS:
Todos estos niños/adolescentes, con libertad sexual (puesto que son estériles en su totalidad) son meros clones. Réplicas que la sociedad utiliza para curar sus males, extrayendo sus órganos sin miramiento (algunos hasta cuatro veces) cual mercancía utilizada para meros fines terapéuticos. A pesar de los intentos de la Madame, los diferentes estamentos sociales rechazan la mera idea de que dichos jóvenes tengan sentimientos. Son meras reses ganaderas a las que mantener hasta que sea necesaria su utilización en trasplantes para sus posibles, las personas de las que teóricamente han sido clonadas.
La búsqueda final del grial, de la salvación para el amor, se ve truncada de raíz: no es posible, ni siquiera factible. Su destino está escrito y no hay modificación posible. Incluso los afortunados alumnos de Hailsham ven como su colegio (en el que el tratamiento es exquisito hacia los adolescentes en contraposición a otros centros) cierra sus puertas, con lo que un mayor catastrofismo invade todo lo que les rodea, la mínima ilusión que eso suponía se va desvaneciendo poco a poco…

FIN SPOILERS

Sé que todo lo escrito es deprimente, oscuro, triste. Pero es lo que el autor nos muestra en su historia, lenta, sin apenas modificaciones destacables, sin variaciones estridentes… pero impasible en su caminar. A ello se unen todos los caminos abiertos y que no se cierran, todas las preguntas sin respuesta, todos nuestros deseos por saber más y que no se ven cumplidos.

¿Es ese el futro que nos espera?

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