La culpa siempre es del público de Mestalla


Lo primero, bienvenidos al infierno. Ardua tarea esta de las vacaciones😉

Lo segundo, EPL me absorbe más tiempo del que quisiera, pero creo que ya todos vais viendo como la comunidad crece de forma exponencial. 5 meses y creo que mereció la pena.

Lo tercero, un primer artículo postvacacional que no es mío, pero como si lo fuera. Lo escribe un periodista deportivo que no sigue al VCF a diario, pero que explica mejor que ninguno de los que lo hacen el sentimiento de la afición valencianista:

Esquilmado por los que dicen que quieren al club mientras se aprovechan de él, el VCF ha vendido, progresivamente, a sus mejores activos. Endeudado, en números rojos desde hace lustros, el Valencia trata de sobrevivir con una economía de guerra. Compra lo que puede, no lo que necesita. Atrapado en un bucle incesante de guerras intestinas, condicionado por un sistema de Reinos de Taifas y paraíso de la incompetencia, el Valencia es un enfermo que no para de recaer. Diagnóstico, autodestrucción. Tratamiento: exigencia, orgullo y autoestima. Nadie lo aplica y el enfermo, con el paso de los años, está intubado y en fase terminal. Comenzó con una leve tos y ahora tiene angina de pecho. La culpa, dicen, es del público de Mestalla, que es muy exigente.

Villa, Silva, Alba, Mata e incluso Soldado (aquel que pasó del “tranquilos, me quedo, me debo a la afición” a “no creo en el proyecto y el presidente me ha mentido”). Cuando el dinero entra por la puerta, el amor salta por la ventana. El Valencia vende. Caro, si tiene comprador. Barato, si el recibo del banco aprieta. O regalado, cuando se pega un tiro en el pie (Isco). Entre saldos y novedades, el Valencia ha rebajado varios escalones el nivel de su plantilla. De ser alternativa de poder a los dos de siempre, ha pasado a comparsa y clá. De alternativa a los grandes a opositar a la mediocridad. De orgullo de una ciudad a dolor de una Comunidad. A la espera de dos palabras clave: cantera y hambre, la política ha consistido en vender a los buenos para pagar a los malos. Pero eso sí, la culpa es del público de Mestalla, porque dicen que es muy exigente.

Más allá de la depreciación del equipo, el caos institucional. Después de años de despilfarro, donde quienes iban a servir al club se sirvieron de él, el marrón le ha caído a Amadeo Salvo. Hoy, la viabilidad del Valencia está bloqueada. Y el presidente, tras recibir una herencia envenenada, hace honor a su apellido, buscando salvar la entidad. Por ahora, Bankia, Generalitat, VCF y Fundación han acordado una solución transitoria, aplazar los vencimientos de la deuda, hasta una sentencia en firme del Tribunal Superior de Justicia. Si hay aval, Bankia refinanciaría los créditos al Valencia (unos 220 M€) y la Fundación (85M€). Es decir, el club lograría una prórroga. Si no hay aval, si es declarado nulo, Bankia buscará recuperar su dinero y venderá el Valencia. Pero eso sí, la culpa es del público de Mestalla, porque dicen que es muy exigente.

En el país donde quien paga manda, el público ché lidia con la leyenda negra de pitar al banquillo (Cúper, Emery) y de silbar a quienes nunca recriminó (Benítez, Pellegrino), porque en caso de duda, el papel de malo se le arroga al público valencianista y a otra cosa, mariposa. En un club enfermo, deprimido – que recuerda al Atlético antes de la llegada de Simeone-, con una plantilla que aspira a todo en verano y es campeona de nada en diciembre, la culpa siempre es del público de Mestalla. Ese que, según dicen, es muy exigente. Ese que, por lo visto, no tiene quién le escriba, porque desde que este negocio es una industria, lo fácil es tirotear la reputación del que paga, no del que cobra.

El público del Valencia, que no tiene quien le escriba, que hace largas colas para renovar su abono, que apoya cuando los dirigentes no lo merecen y vive en el alambre mientras Bankia puede vender su club, no puede exigir a sus jugadores que se dejen la piel para no arrastrar la imagen del club. En un escenario donde la afición tiene asumido que no puede exigir títulos ni finales, es un pecado pedir, al menos, que los futbolistas se pongan a la altura de la afición. En el país que ha hecho una legislación no escrita de “el público siempre tiene la razón”, la afición del Valencia nunca la tiene. En un club donde la costumbre es echar al entrenador y cambiar todo para que nada cambie, la culpa siempre es del público de Mestalla. Esa afición que, dicen, siempre tiene la culpa, porque es muy exigente.

Posdata: Lo de anoche, ante el Sevilla, era lo que demandaba la afición del Valencia. una hinchada que no pide ganar la Liga, ni la Copa, ni la Champions. La grada ché, que está con Djukic y con su equipo, más allá de ganar o perder, simplemente pedía algo que no era tan difícil: que sus jugadores pusieran pelea, entrega e intensidad. Atributos necesarios, casta. La actitud necesaria para dejar de arrastrar la imagen del club. No existe, ni en el fútbol ni en la vida, una aspiración más legítima que honrar la camiseta con la cultura del esfuerzo. De eso, amigos, sí que tiene la culpa el público de Mestalla. Es culpable de pedir orgullo.

http://es.eurosport.yahoo.com/blogs/ruben-uria/culpa-p%C3%BAblico-mestalla-233930194–sow.html

A Rubén Uria lo podéis seguir en Twitter: https://twitter.com/rubenuria

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s