Diario de una casa (I)


Allá por el año 2000 (cosas del dichoso efecto, supongo) se editó en EE.UU. un libro que causó cierto revuelo. Desde entonces, por recomendaciones varias (todas de amantes del terror y la CI-FI), llevo esperándolo como agua de mayo en su traducción en castellano. De hecho, después de que pasasen varios años, pensaba que sería imposible su lanzamiento en nuestro idioma por la dificultad que contraía. Me hubiese gustado leerlo, en su momento, en inglés. Pero, los mismo que me lo recomendaban, me disuadieron de hacerlo: “No te vas a enterar de absolutamente nada”. Y llevaban razón, lo intenté, pero llegado un punto era algo que no parecía tener ni pies ni cabeza.

El caso es que, a primeros de noviembre, el libro fue lanzado en España gracias al trabajo conjunto de dos editoriales (y al titánico esfuerzo del traductor y el maquetador, todo hay que decirlo): Pálido Fuego y Alpha Decay. Y lo cierto es que el trabajo es excepcional.

El libro en cuestión es La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski.

Will Navidson, un famoso fotoperiodista premiado con el Pulitzer, se traslada con su familia a una casa en el entorno rural de Virginia en un intento de salvar su matrimonio, seriamente perjudicado por sus viajes continuos y su adicción al trabajo. Además de Navidson, la familia está compuesta por la hermosa ex-modelo Karen Green y los dos hijos pequeños de ambos. Muy pronto, Will descubre que la casa presenta una anomalía arquitectónica singular: su espacio interior es ligeramente más grande que el que debería ocupar según sus dimensiones exteriores. Este es el arranque de El expediente Navidson, un fascinante documento que narra los sucesos acaecidos en la casa de Ash Tree Lane, es decir La casa de hojas.

Will Navidson tratará de averiguar qué secreto esconde La casa de hojas, al mismo tiempo que procurará poner a salvo a su familia. Un viaje para el que recabará la ayuda de todos los medios a su alcance, incluida la de su hermano gemelo Tom, un profesor universitario y hasta toda una expedición de espeleólogos.

Mientras Will y sus seres queridos se enfrentan a los peligros de esa casa encantada, un joven tatuador de Los Ángeles, el carismático y tierno Johnny Truant, malvive y quema las noches a una velocidad vertiginosa de la mano de su inseparable escudero, Lude. Las historias de Truant y Navidson se entrelazarán gracias a un hallazgo que cambiará la vida de todos los personajes inolvidables que atraviesan esta monumental novela.

Bien, lo que he puesto arriba es la sinopsis, algo que leído así no provocaría una estampida hacia las librerías por parte de los fanáticos del género: una casa encantada y un yoncarra de vida desaforada. No, muy ingenioso y novedoso no es, la verdad. El caso es que, sin ser falso, lo que cuenta la sinopsis no es del todo cierto.

El libro no cuenta la historia de Navidson o de Truant, el libro se plantea como el ensayo que escribe un viejo, Zampanò, sobre una película/documental que narra las peripecias de la familia Navidson en su nueva casa, los problemas que se encuentran al descubrir que dicha casa es más grande por dentro que por fuera y el proceso posterior a ir adentrándose en su cambiante y oscuro interior. Este ensayo permanece guardado en un viejo arcón que, por casualidad, descubre Truant en la casa del anciano tras su muerte. Truant lo lee, hace anotaciones sobre el propio ensayo y, al parecer es lo que luego se edita como libro (que sería lo que nosotros tenemos en nuestras manos).

El ensayo no es un mero desarrollo de la película, con su posible crítica y demás argumentario. El ensayo nos plantea la dicotomía de si lo que estamos leyendo/viendo es real o una simple recreación cinematográfica. Hace comparaciones filosóficas y mitológicas, nos va mostrando aspectos de la vida anterior de los protagonistas, nos describe personalidades, nos plantea estudios psico-sociológicos alrededor de las imágenes y nos crea la duda de si lo que leemos  no es la simple locura de un viejo ciego (sí, ciego, el cabrón de Zampanò está ciego), y la irremediable decadencia de Truant, cuya obsesión por el libro también parece encaminarlo al desvarío.

El libro, además nos llega con una maquetación, cuanto menos, realmente extraña: varias tipografías, textos girados, textos en espejo, textos superpuestos, en espiral, páginas casi en blanco, recuadros negros y blancos, anotaciones imaginarias, anotaciones que parecen una lista enciclopédica y que nos sumen en la sensación de que nos están tomando el pelo, y así con todas las combinaciones posibles que se os ocurran. Además, la palabra casa aparece siempre entintada en azul y algunas referencias al laberinto, y al minotauro, entintadas en rojo. No tiene desperdicio.

El libro no tiene edición digital, y no creo que lo encontréis nunca en ninguna página de las que ya conocemos, porque es imposible plasmar en un ebook dicha maquetación.

He leído hasta ahora algo más de la mitad del libro y debo decir que no es fácil de leer. No por la historia, que es realmente atrayente aún a pesar de los textos filosófico-mitológicos que aparecen constantemente. Es más que nada porque, si sigues las notas, te encuentras con un libro que hay que girar constantemente, desplazarte por las hojas hacia delante y hacia atrás, pegar saltos, leer con un espejo,… Joder, parece más un laberinto (probable idea del autor y relacionada con la obra en sí) que un libro. Aunque, esta estructura es meramente formal, no afecta a la historia para nada (salvo el tener los dos/tres hilos argumentales en constante alternancia) y es un simple juego de maquetación (la currada del maquetador debe haber sido cojonuda).

En próximas entradas iré poniendo mi crítica del libro.

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