Las brujas de Zugarramurdi – Alex de la Iglesia


Me resulta difícil determinar si la película es buena o, simplemente, mediocre con posibilidades. Esto es así por una sencilla razón: la primera hora de película me parece de lo mejor que he visto en cine español en muchísimo años. Esa primera hora tiene gracia, tiene acción, es trepidante y no tiene sobrantes. Ese Cristo plateado, ese Bob Esponja tiroteado, esa enfermera histérica “rematando” enfermos. Y esa crítica a “la mujer dominante que busca un hombre de usar y tirar” es divertidísima.

Los actores. Me han sorprendido mucho Hugo Silva, Macarena Gómez y Jaime Ordóñez. A algunos no hace falta ni nombrarlos, su presencia es un seguro de buen hacer (Carmen Maura, Terele Pávez, Enrique Villén,…). Con el que no puedo, y que cada vez me reafirma en mi opinión, es Secun de la Rosa. Con este hombre tengo la sensación de ver siempre al mismo personaje. De Mario Casas, ni fú nifa. Es un chico que no me molesta pero al que no veo nada destacables. Lo de Carolina Bang es ya otra cosa XD

El argumento en sí no es complejo; una grupo de perdedores decide atracar una tienda de “Compro oro” en plena plaza de Sol, en Madrid. Ese grupo de atracadores disfrazados de los más variopintos personajes es simplemente genial, y más si unimos al atraco a un niño cabroncete y, al otro lado del teléfono, a una histérica enfermera dispuesta a joderle a su exmarido la poca dignidad que le queda. La posterior persecución, interrogatorio y llegada a Zugarramurdi es de lo más frenético y divertido que he visto desde Airbag (Juanma Bajo Ulloa, 1996). Y hasta ahí todo es puro entretenimiento.

Pero es que en los siguientes cuarenta y cinco minutos el guión se desmorona, la cosa pierde buena parte de su gracia y, en algunos de los efectos especiales, la cosa comienza a producir cierto bochorno. No sé si se debió a las prisas, falta de presupuesto o cualquier otra cosa, pero la cosa decrece cosa mala. Y no se llega a entender. Aún así, sólo por la primera hora, merece la pena verse.

El director Álex de la Iglesia (‘Acción mutante’) regresa al universo satánico (que tantas alegrías le dio con ‘El día de la bestia’) y la comedia, basándose en un famoso proceso histórico del siglo XVII. Una ejecución a manos de la Inquisición, en una población, Zugarramurdi, en la que se decía que se practicaba toda clase de cultos y ocultismo.

Jose (Hugo Silva, ‘Mentiras y gordas’), un padre recientemente divorciado y Toni (Mario Casas, ‘Grupo 7’), un mujeriego, se encuentran en una terrible situación económica que les lleva a tomar una medida desesperada: atracar un negocio de compra de oro. Con el botín en sus manos y perseguidos por la policía tratan de huir a Francia, pero en su camino pasan por el pueblo navarro de Zugarramurdi, donde les detendrán tres brujas (Carmen Maura, ‘La comunidad’; Carolina Bang, ‘Balada triste de trompeta’ y Terele Pávez, ‘El día de la bestia’), cuya principal fuente de disfrute y rutina diaria, es el sufrimiento de los ingénuos hombres que pasan por allí.

Océano mar – Alessandro Baricco


Hace una semana exacta que terminé de leer Océano mar. Y la verdad es que no dejo de darle vueltas. Adoro este libro y creo que supera a Seda en todo y que, dentro de unos lustros, será considerado un clásico moderno. Un libro que formará parte de la historia de la literatura.

La novela es una historia coral, una narración que se va contando desde las diferentes perspectivas de sus personajes, sus historias y sus actos. Pasamos de conocer a un pintor en busca de la esencia del mar, a encontrarnos con un científico loco en busca del límite de los océanos, a una niña enferma de vida,… y así, capítulo a capítulo, van surgiendo los personajes que parecen tener una cita desconocida en una perdida posada junto al mar. Un mar que es el verdadero protagonista de nuestra historia. De hecho, un naufragio es el verdadero hilo conductor de una novela con acontecimientos y personajes que parecen sacados más de un sueño que de la realidad. Una historia cuyos eventos y resolución quedan disueltos entre las infinitas aguas del mar.

El relato central narra el naufragio de una nave mercante en un accidente causado por la incompetencia de los oficiales a su cargo. Un naufragio que hace aflorar lo más indeseable de la condición humana. Es a partir de entonces cuando vamos conociendo el final de algunos de nuestros personajes y su relación, hasta ese momento desconocida para el lector.

Todo ello dentro de un marco onírico envuelto en plumas de ángeles y muros de de tinta.

Muy interesantes los modos en que el propio autor se introduce en la piel de los personajes (hay tres escritores en el libro) para ir tratando el oficio de la escritura. A su vez, realmente esclarecedor ese pintor que trata de pintar el mar, de captar todo su espíritu y, para ello, lo hace con agua de mar y sin pigmentos. Parece crítica mordaz.

Pero sobre todo, el libro es poesía, pero no podremos “decir” mar.

Hace muchos años, en medio de algún océano, una fragata de la marina francesa naufragó. 147 hombres intentaron salvarse subiendo a una enorme balsa y confiándose al mar. Un horror que duró días y días. Un formidable escenario en el que se mostraron la peor de las crueldades y la más dulce de las piedades.

Hace muchos años, a orillas de algún océano, llegó un hombre. Lo había llevado hasta allí una promesa. La posada donde se paró se llamaba Almayer. Siete habitaciones. Extraños niños, un pintor, una mujer bellísima, un profesor con un extraño nombre, un hombre misterioso, una muchacha que no quería morir, un cura cómico. Todos estaban allí buscando algo, en equilibrio sobre el océano.
Hace muchos años, estos y otros destinos encontraron el mar y volvieron marcados. Este libro explica el porqué, y escuchándoles se oye la voz del mar. Se puede leer como una historia de suspense, como un poema en prosa, un conte philosophique, una novela de aventuras. En cualquier caso, domina la alegría furiosa de contar historias a través de una escritura y una técnica narrativa sin modelos ni antecedentes ni maestros.

http://www.epublibre.org/libro/detalle/9739