El cuaderno rojo, de Paul Auster


La primera novela de Paul Auster fue inspirada por un número equivocado. Un hombre llamó una noche, preguntando por la agencia de detectives Pinkerton. Auster le explicó que se había equivocado. A la noche siguiente, la llamada y la respuesta del novelista se repitieron, pero este, intrigado, comenzó a preguntarse que habría sucedido si hubiera fingido que aquel número correspondía a la agencia de detectives, y el era uno de ellos. Y asi comenzóCiudad de cristal, donde un hombre llamado Quinn recibe la llamada de alguien que quiere hablar con el detective privado Paul Auster. Pero no hace mucho tiempo otro hombre llamó al actual número de teléfono del escritor y preguntó si podía hablar con el señor Quinn. Y no era una broma de un amigo o de un lector. Era una llamada absolutamente en serio, y esta es una historia verdadera, como todo lo que se cuenta en este libro: lo irreal horadando lo real, el novelista ejerciendo de cazador de coincidencias, de traductor de las siempre oscuras revelaciones del azar. Porque Paul Auster, antes de ser escritor, fue traductor, alguien que escribe en una lengua con las palabras de otro. Y Justo Navarro, el traductor de este libro, y autor del prólogo que, a manera de hilo en el laberinto, recorre y muestra la manerade la literatura de Auster, es también un novelista, alguien quetraduce a la lengua de sus fabulas la lengua misteriosa y dolorosa del mundo, alguien que inventa una nueva lengua que suplante la lengua misteriosa y dolorosa del mundo . El cuaderno rojo es, pues, también, la coincidencia de dos escritores que escriben en el idioma del azar, el idioma de la casualidad y las coincidencias, el idioma de los encuentros fortuitos que se convierten en destino.

Reconozco que he leído este libro porque era cortito y me servía para cubrir el hueco antes de  comenzar la nueva novela de Bruno Nievas. Un libro de apenas 50 páginas y del que no termino de entender la razón de su existencia, salvo el dar consistencia a algo que cualquier lector de Auster ya conoce: su obra es un canto al azar.  Una continua sucesión de acontecimientos desencadenados por un hecho azaroso, algo que se explica también en el prólogo de Justo Navarro
Por lo demás, poco más hay que decir. Auster nos cuenta una serie de acontecimientos (reales o no, ¿quién sabe?) que marcan su camino hacia la escritura en base al llamado “efecto mariposa”, el modo en que cualquier hecho aleatorio, trascendente o no, transforma, en mayor o menor medida, todo aquello que le rodea, creando una cadena de sucesos, en este caso, significativos para el autor.

Kryptos, de Blas Ruiz Grau


KRYPTOS

Vayamos con la primera reseña del año, aunque realmente es de un libro que no existe… de momento. Es el proyecto de un escritor que, casualidades de la vida, conocí un día en una página de piratear libros y al que intenté ayudar con la maquetación de uno de sus libros en formato epub. A partir de ahí, nos seguimos mutuamente en Twitter, donde puedes comentar con él sobre cualquier tema divino y humano (@BlasRGEscritor). Es un tío majo (a pesar de tener obsesión con tener un Mac y empeñarse en desayunar en el McDonald’s), con ganas de salir adelante como escritor y bastante concienciado con la crisis que padecemos.

Un día se le ocurrió la idea de escribir un relato (que pasó a ser novela corta) a partir de las ideas que le diesen sus seguidores por Twitter. Escogió tres, pero como no le parecía honrado sacar pasta de unas ideas que no eran suyas (por raro que parezca en este nuestro país), decidió ponerlo a la venta de forma solidaria apoyando a una ONG, Educo, que trata de servir becas comedor a niños que no tienen ni para una comida decente al día. Un asunto que a mí me pone de los nervios y que a nuestros políticos parece que se la suda bastante. El caso es que fue buscando apoyos y buscó la ayuda, para algunos capítulos, de una serie de escritores de los llamados Generación Kindle: Bruno Nievas (@BrunoNievas), Roberto López-Herrero (@ElExpecial), Gabri Ródenas (@Gabrirodenas) y el autor de la trilogía Versos, Canciones y Trocitos de carne, César Pérez Gellida (@cpgellida). A ellos se ha unido el director de cine Luis Endera (@Luis_Endera) para crear una especie de mini documental sobre el proyecto.

Sé que el libro no es una moñada de esas para actos solidarios sino más bien todo lo contrario, es un thriller de acción, con tiros, sistemas de encriptación,… Pero es lo de menos, lo importante es la razón de ser del proyecto, su intención única: ayudar a que los niños de este país que lo necesiten puedan tener una comida en condiciones al día. Sólo por ello creo que merece la pena darle publicidad al asunto y que la pequeña bola de nieva se convierta en un alud en mayúsculas. Eso es lo importante.

El día 13 de febrero sale a la venta en papel y formato electrónico. No faltéis a la cita 😉

Podéis encontrar más información en el blog de Blas: http://blasruizgrauescritor.blogspot.com.es/2015/01/explicacion-definitiva-sobre-kryptos.html?m=1

PD: Blas, te odiaré toda mi vida por no escoger mi inicio de capítulo XDDD

Sobre gustos musicales


En muchas ocasiones alguien me pregunta por qué no escucho música normal, a lo que suelo responder con otra pregunta: ¿Qué es música normal?. Todos suelen responderme lo mismo: U2, Madonna, Coldplay,… Normalmente me da la risa y me sale la vena borde y termino contestando que me dan arcadas 😀

Realmente escucho música de todo tipo, no tengo fijación por escuchar un estilo musical de forma compulsiva y no me considero  un ultra de ningún grupo o artista. Escucho música clásica, flamenco, me encanta Gardel, adoro a Leonard Cohen, sigo flipando con Bowie, The Clash o los Rolling Stones (nunca fui muy de los Beatles),  a veces oigo música celta, japonesa, me gusta el rock’n’roll, adoro el heavy y hard metal, en ocasiones escucho rap, reagge, últimamente me hice asiduo al gothic, y soy un fanático acérrimo del folk-metal, industrial,… y, cuando me da la vena, me pongo Camilo Sesto. Sólo hay dos tipos de música que no suelo oír nunca: la salsa y el pop pastelero. Podríamos decir que soy ecléctico y me gusta de todo.

Sí es cierto que en los últimos años me he alejado bastante de lo que llamaríamos mainstream y me he ido a grupos y músicas minoritarias que me atraen mucho más, y que han conseguido que no eche de menos a los grandes artistas y sus discos de relleno. Me explico, de algunos artistas tengo todos o casi todos sus lanzamientos, sin embargo sólo suelo oír sus discos viejos. Los nuevos me parecen una tomadura de pelo y una falta de respeto hacia los fans, esos capaces de hacer cola en una tienda para ser los primeros en comprar el nuevo CD (entre los que me incluía). Voy a poner algunos ejemplos, aunque sé que alguno se va a mosquear bastante conmigo :P.

BRUCE SPRINGSTEEN: Tengo casi todos sus discos, incluso alguno comprado en Nueva York en mi viaje de bodas (tuve a mi mujer metida en el Virgin de Times Square una noche hasta las doce porque era la hora en que se ponía a la venta el Devils and Dust). He oído sus discos miles de veces… Pero, tras el We shall overcome, todo lo que ha sacado posteriormente me resultan anodino, sin la fuerza de antaño (salvo una o dos canciones) y muy alejados de la calidad de discos anteriores. Sé que habrá gente que estos discos le gustarán, y sería lo lógico, pero a mí no me dicen absolutamente nada. Y aquí entra el casi que puse al principio de este párrafo: el High Hopes lo ecuché en Spotify (pedazo de invento) antes de comprarlo… Y al final no lo compré, me niego a semejante aberración.

U2: Con el grupo irlandés se da esa paradoja en la que un fan acérrimo se convierte en en su más encorajinado opositor. U2 era una de las bandas punteras del Post-punk de los 70-80. Eran los ídolos de un montón de adolescentes (y no tanto) que hacían de sus canciones auténticas banderas reivindicativas. Eran puro rock. Hasta que sacaron aquella cosa rara llamada Achtung baby, a Bono le dio por ir de diva de no se sabe muy bien qué, a The Edge lo adornaron con armonías de cochecitos de choque, y el mundo se amariconó a su alrededor (que nadie se lo tome como ofensa, es una simple frase hecha). Lo de después fue pura broma pesada. Y así hasta hoy.

JOAQUÍN SABINA: Si hay un artista español al que admiro ese es el poeta de Úbeda. Empecé a oirlo a partir de sus actuaciones en aquel grandioso  programa de Fernando García Tola: Si yo fuera presidente. Yo tendría 13 o 14 años, tenía un gusto musical del que hoy día podría avergonzarme, y sin embargo aquel fulano me enganchó cosa mala. Ya en el instituto, algunos de mis amigos también eran fans de Joaquín y, entre todos, conseguimos hacernos con toda su discografía intercambiando cintas de cassette. Y así hasta hoy. Bueno, hasta hoy no, más bien hasta 19 días y 500 noches. No creo que lo que vino después no es en absoluto malo (el nivel de 19 días es difícil de volver a conseguir), pero  ciertas canciones me parecen insufribles, sobre todo porque a mí de Serrat me gustan cuatro canciones. Y para oír a Serrat, pues oigo a Serrat.

Podría repartir más leña, mucha más, pero tampoco es cuestión de buscarme más enemigos de los estrictamente necesarios. Como dije antes, suelo revisitarlos de vez en cuando, aunque mi iPod últimamente sólo está lleno de música y grupos raros, de esos que no conoce ni dios: Aspencat, Zoo, In Extremo, Lacrimosa, Sopor Aeternus, Doctor Deseo, 9 lágrimas, Handsome Family (los de la cabecera de True Detective), Trastorna2 (con estos tengo una historia curiosa que contar) y un largo listado de grupos que no deben conocer ni en su casa pero que creo que son los que realmente mantienen las raíces de lo que es la música real, y no lo que sale del cubo de prefabricados en que se han convertido las grandes discográficas.

Larga vida al rock’n’roll… y al resto de estilos 😉