El puto “caloret”


Otra vez somos trending topic y otra vez para mal. Lo de esta Comunidad, y lo de esta ciudad, es una caída en barrena y sin frenos que tiene que acabar mal, muy mal. No es de recibo que la gente de este pueblo tenga a una panda de indocumentados por dirigentes y representantes. No, no es de recibo y no deberíamos permitirles hacer ni una más. No es ya un problema de dinero desaparecido, no es una cuestión de que sean incapaces, es que ya hemos llegado a un punto en el que la falta de respeto, no ya por las personas, si no por la cultura y el sentimiento de los valencianos colma el vaso de la paciencia. Nos han tomado el pelo, nos han faltado el respeto y, ahora, una señora, con “un corte de digestión” y “la mente en blanco”, se burla de nuestra lengua, de la lengua de nuestros padres y abuelos. Y esto ya clama al cielo.

Miren que es difícil errar en un texto de cuatro frases, pues la señora no solo es capaz de errar una vez sino que logra no acertar tres palabras seguidas, se ve que tenía “la lengua pastosa”. Si no sabes hablar valenciano, y encima tienes unos asesores que son entre inútiles y analfabetos, pues no hables en valenciano, so imbécil. Habla en el castellano que te enseñaron y deja de insultarnos y de tomarnos por lo que  no somos. Ojalá te corten las alas pronto y podamos volver a disfrutar de lo que somos sin miedos ni estupideces de confrontación, que es lo único que tú y tus compañeros de tropelías habéis sembrado en nuestra casa.

Disfruten de la borrachera, que ella se lo pasó de puta madre. Pero sobre todo no olvidemos su cara:

Y, como no puede haber hijaputez sin contrarréplica, el remix (que este sí tiene gracia):

El niño que ya no soy


Hace mucho que no escribo nada sobre el Valencia Club de Fútbol. Probablemente todo el proceso de venta, junto a todo el desánimo que llevaba ya acumulado, no haya sido algo que me animase a escribir absolutamente nada. Para bien o para mal, ese proceso nos iba a llevar a manos de alguien cuyo sentimiento por el club estaría muy alejado de lo que yo puedo sentir en mi mente y en mi corazón. ¿Quién sabe lo que nos deparará el futuro? Nadie, o casi nadie, pero nos queda la esperanza de que el dueño, en este caso el Sr. Peter Lim, haga suyo a nuestro querido VCF y lo sienta en su interior como lo podemos sentir cualquiera de nosotros. Al menos su hija así parece estar sitiéndolo, cosa que me agrada. Un apunte sobre la chica, que una cría de 23 años les esté dando sopa con hondas, en cuanto a márketing y uso de las redes sociales, a tanto lumbreras con estudios es digno de estudio.

El tiempo, los años, han hecho que la ilusión fuera desapareciendo de mi vida, ni interés, ni tan sólo un poco de pasión viendo el fútbol de mi equipo. Pero también es cierto que esta temporada he vuelto a sentir el gusanillo del balonpié. Probablemente la paz que tanto necesitábamos, y la idea de volver a tener un equipo medianamente competitivo, han sido los medios necesarios para ello. Luego, evidentemente, llegan los partidos, el juego, y la euforia y el desencanto van y vienen al compás del viento que sopla, pero eso es el fútbol, al fin y al cabo. Pero esta entrada tampoco va de eso. Esta entrada va de un niño, un niño que, a pesar de los 600 kilómetro largos que separan Valencia de Málaga, siente al Valencia C.F. como un trocito de su ser. Disfruta viendo a su equipo, se enfunda la camiseta como el más preciado de los vestidos, enarbola su bufanda como si su vida le fuese en ello y se le iluminan los ojos como lo que es: un niño que ama a su equipo de fútbol por encima de las adversidades.

Viendo ayer su imagen en televisión debo reconocer que logró hacerme llorar. No por él, por mí, por ver que mi enfado, mi cabreo, es el enfado y el cabreo de quien se siente engañado, de quien antepone su malestar a los colores, al escudo. Pero sobre todo porque vi en él al niño que fui y ya no soy. Soy un adulto sin la ilusión y la alegría de un niño de 8 años cuyo máximo anhelo es ver a su equipo jugando en su tierra, en su ciudad. Una ciudad para la cual él es un paria, él es el que lleva la camiseta del equipo contrario. Un infiltrado que, a pesar de todo lo sufrido y visto en el terreno de juego, en el último minuto se pone en pie, observa el estadio y alza su bufanda al aire. Porque, ante todo, él es el Valencia Club de Fútbol.

Gracias Gonzalo.

Perdida, David Fincher (2014)


En el mundo del cine actual, es difícil encontrar un director en el que un gran porcentaje de sus películas alcancen un nivel tan alto que tengas ganas de ver cada una de las nuevas obras que va creando. David Fincher es uno de ellos, un tipo que es capaz de hacer Seven (1995), El club de la lucha (1999) o House of cards (serie de TV, 2013) te da la esperanza de ver un film suyo y pensar que no te van a tomar el pelo. Bueno, pues con Perdida, a mi entender, la ha cagado, pero bien.

No es que adaptes una obra literaria, con mayor o menor calidad, y que luego la adaptes de forma fiel o decidas hacer giros o cambios radicales (por ejemplo, El resplandor [Stanley Kubrick, 1980]). No, ese no es el problema, el problema es que lo hagas y te quede una película que no sólo no es creíble, si no que en determinados momentos te provoque la risa tonta, o el descojone total. Porque eso es lo que pasa.

Lo primero, yo no sé que le ven a Ben Affleck, pero un tipo que es capaz de poner la misma cara a lo largo de 2 horas largas de película (y en todas las películas que hace, al más puro estilo Keanu Reeves) no puede hacer una película como esta ni aún dirigiéndola el mismísimo John  Ford (John Wayne aparte, claro). Lo de la actriz acompañante mejor lo dejo estar, porque si Ben Affleck me parece malo, la Pike se merece directamente el paredón.

Lo siguiente es que el guión es ridículo, no por la historia en sí (que podría pasar) sino por la cantidad de minutos estúpidos y escenas gilipollas que daría vergüenza al mismísimo Ridley Scott de Prometheus (2012). ¿Nadie es capaz de limpiarle la sangre a la tía loca esa desde que llega a su casa, en coche, hasta que la devuelven de nuevo a su hogar, desde el hospital, y se ducha con ese simple que tiene por marido? ¿En qué puta cabeza cabe algo así? ¿Para qué coño nos enseña como se pega un martillazo en la cara? ¿No era más fácil darse cuatro o cinco golpes por el cuerpo y no esa escena, con patatús incluido, en un cuarto de baño de hotel de mala muerte? Y siendo tan lista y tan guapa, ¿no hay mejor sitio para esconder el dinero que una roñosa riñonera que va enseñando por todos los sitios por los que pasa? ¿Son los yanquis así de gilipollas o es sólo en las películas? Porque lo del multimillonario locamente enamorado ya me parece el sumum. Que el notas será un lumbreras, pero el tajo en el cuello se lo merece por imbécil y papanatas. Lo que viene a continuación ya ni me planteo criticarlo, ¿para qué? ¿Qué sentido tiene alargar el final durante más de una hora si ya sabes de qué va el asunto y, lo que es peor, sabes cómo va a acabar? Porque esa es otra, con cuatro escenas que hubiese eliminado, el colega tenía un final en plan maquiavelo acojonante: un matrimonio que monta un pitote de la hostia para hacerse millonarios a base de vender exclusivas y demás… Pero no, teníamos que pasar por la vecina preñada que va a tu casa, mea y no tira de la cadena. O tú, que le robas el semen al subhumano de tu marido para quedarte preñada y que el tío se quede tan pancho. Así, con dos cojones y sin vaselina.

De verdad, si este es el nuevo cine de intriga/thriller, por mí le pueden dar mucho por el orto a Hollywood.