La polla de Camboya


Antes de empezar con esta entrada, me gustaría que oyeseis el siguiente audio. Es bastante repetitivo, por lo que si sólo queréis oír unos 30 segundos sabed que el resto es igual.

El de la cara de atontao de la imagen fija es Pedro Morata Calvo,  Jefe de Deportes de la Cadena SER en Valencia (al menos hasta el momento de escribir esta entrada). La polla de Camboya, realmente, es un pollo (con bastante pasta y de nombre Peter Lim) y no es de Camboya, es de Singapur, que no anda lejos de Camboya pero que es otra cosa. Tampoco le pidáis demasiado a Perico, el pobre no entiende mucho de nada, así que lo normal es que de geografía tampoco sepa mucho. El caso es que este hombre de Águilas (provincia de Murcia), obseso de la Mirinda, con un padre que tiene un bar, dueño de una discoteca a la que tuvo que cambiar el nombre por amenazas yihadistas (tal cual) y ex socio de un gimnasio del que hacía publicidad gratuita en los reportajes de Cuatro y que tuvo que cerrar por la crisis, o porque se pensaba que en Valencia todos los agilipollaos iban a ir a su gimnasio pagando la pasta que a él le saliera de la polla (la suya, no la de Camboya), se tomó al señor Lim a cachondeo y comenzó a soltar, cada dos por tres, la tontería del título.

Morata lleva ya bastantes años en Valencia y siempre  ha tenido la suerte de que todos los anteriores presidentes del Valencia C.F. eran bastante más tontos que él (que ya es decir). Si a esto juntamos que pertenece a uno de los medios de comunicación más fuertes de este país, pues la cosa la ha tenido a huevo. El único que le encaró y le dijo cuatro cosas fue Paco Roig, pero al Tronaor Mestalla lo largó con cajas destempladas tras un desastroso partido contra el Salamanca, y los subsiguientes mandatarios no supieron seguir su estela. Eso sí, Mestalla tiene al murciano bastante atravesado. De hecho, es el único periodista que ha conseguido que buena parte del estadio repitiera al unísono la cantinela: “Morata, eres un hijo de p…” a ritmo de chotis.

Pero llegó Amadeo Salvo, puesto a dedo (como prácticamente los anteriores presidentes) por la Generalitat Valenciana, y con la idea de refinanciar la deuda que el Valencia C.F. tiene con Bankia. El caso es que Salvo no le ha dado a Morata absolutamente nada, más bien al contrario. Y el murciano, pensando que con el dueño de Power Electronics iba a poder hacer lo mismo que había hecho con los demás, comenzó a soltar puyas una detrás de otra contra el nuevo mandatario valencianista. Pero la cosa le ha salido rana. Tan rana que todas las cosas que ha intentado torpedear estos seis meses que llevamos de proceso de venta le han acabado explotando en la cara: ha mentido e intentado menospreciar una cuantas veces a Lim, ha apoyado constantemente al banco (del que recibe subvenciones para su Anuario del Deporte Valenciano) y se ha posicionado por la oferta de Cerberus (uno de los principales acreedores del Grupo PRISA). Y su credibilidad cae cada día más. Su propio eslogan, “Sin ataduras“, ha acabado convirtiéndose en un chiste de las Redes Sociales de los aficionados valencianistas.

Nadie sabe como acabará el experimento Lim en Valencia, aunque tenemos la esperanza de que sea algo bueno que nos permita salir de la cuasi quiebra en la que nos encontramos. De lo que sí estoy bastante convencido es que Morata no se va a recuperar de ésta.

Y de regalo la rueda de prensa de Salvo para explicar el punto de vista del Valencia  C.F. en la venta… Si os queréis evitar el rollo, dadle directamente al minuto 15:30, y sobre todo no os perdáis el último minuto 😄

La idiotez de no querer tener mitos


25 de abril de 1993

Estadio de Mestalla

Valencia C. F. – PSV Eindhoven

A un lado del rectángulo de juego el mito que se despedía, Mario Alberto Kempes, en el otro extremo el anhelado, el que no vendría ni regalado, el que al final vino pero no pudo estar: Romario de Souza Faria. Ése fue el último partido de homenaje, que yo recuerde, que se ha disputado en Mestalla.

Desde 1993 hasta la actualidad, el Valencia C. F. ha ganado la Copa del Rey del 99, la Supercopa de España del 99, la Liga del 2002, la del 2004, la UEFA del 2004, la Supercopa de Europa en 2004 y la Copa del Rey del 2008. Se han jugado dos finales de Champions League (2000 y 2001). Todos esos títulos y finales son los que tiene en su palmarés Miguel Ángel Angulo, más una Copa de Europa de selecciones sub-21. No ha recibido su partido de homenaje.

Durante esos años (y con los mismos títulos a nivel de club que Angulo), un portero, Santiago Cañizares, ha obtenido tres veces el premio Zamora al portero menos goleado de la Liga española. No ha recibido partido de homenaje alguno.

Amedeo Carboni cuenta con seis de esos títulos (salvo la Copa del 2008), además de ostentar el récord de edad en el club, al retirarse con 41 años y un mes. No ha tenido aún su partido de homenaje.

Fernando Gómez Colomer es el jugador del Valencia C. F. con mayor número de partidos y minutos disputados con la camiseta blanca. Tampoco tuvo su partido de homenaje.

La lista podría ser enorme. Con los mismos títulos a nivel de club tenemos varios jugadores de los de la época de la doble Liga: Rubén Baraja, David Albelda o Carlos Marchena, por ejemplo, aunque este último cuenta en su haber con 3 títulos de selección (Eurocopa sub-20, Eurocopa y Mundial absolutos), más una medalla de plata olímpica.

La pregunta es: ¿qué ha hecho David Albelda, que no hayan hecho los demás jugadores nombrados, para que se intente desde los medios de comunicación que tenga un partido de homenaje? ¿Qué méritos, que no tengan los demás, tiene para tamaña distinción pisoteando el recuerdo de los otros exjugadores? Probablemente no tenga nada que le haga destacar por encima de los demás que parecen tener vetado el reconocimiento.

Por ello, por los méritos de todos, no queremos un partido de homenaje al que fuera capitán del Valencia C. F. Lo que queremos, lo que exigimos, es un partido homenaje a todos los jugadores que, en mayor o menor medida, participaron en esa década gloriosa de nuestro equipo. Porque todos ellos merecen ser mitos de nuestro Valencia.

La paja en el ojo ajeno…


Hoy, leyendo mi Time Line de Twitter, me he encontrado con un enlace a un blog de un chico venezolano que estudia en Valencia. En su post nos habla de la decepción que sintió en su visita a Mestalla con razón del partido de Copa Valencia C.F vs C.A. Osasuna. Es cierto que algunas de las cosas que cuenta vienen como consecuencia de la paralización de las obras del Nuevo Mestalla, pero eso no le quita ni un ápice de razón. Como no quiero quitar ni una coma, os pongo el enlace a su blog.

http://carlosluis121.com/2013/01/17/mestalla/

Hay algunas cosas de las que reclama que son muy típicas de los espectáculos deportivos yanquis: restaurantes llenos de comida a tutiplén o las típicas actuaciones/concursos/participaciones que suelen hacerse, en territorio USA, en los descansos de los encuentros deportivos. A mí, que los he vivido in situ, no terminan de gustarme por el exceso de protagonismo que se les da y que, para mi gusto, terminan por hacerte perder la concentración en el juego con tanta interrupción, pero entiendo que él las reivindique como reclamo del espectáculo. Lo entiendo más como una diferencia cultural (USA frente Europa), aunque cierta parte de razón no le falta.

En otras, la dejadez de Mestalla, el abandono del público, la falta de señalización, horarios,… estoy de acuerdo al 100%. Muchas de estas cosas las he visto señaladas por aficionados al Valencia en multitud de foros y redes sociales, pero se ve que a los dirigentes solo les interesa la parte pecuniaria de los aficionados (…la viga en el propio).

Cansado de tanto gurú hertziano


Los habitantes de esta ciudad de provincias, allá en el punto más extremo del Levante español, debemos, ser, cuanto menos, un poco retrasados y oligofrénicos, de tal modo que los hiperdesarrollados juntaletras del resto de la península deben darnos cuentas de lo equivocados que estamos por hacer tal o cual cosa. Todo ello teniendo en cuenta que se ubican a X cientos de km de distancia y todo lo que conocen es de oídas.  Viene esto a cuenta de la continua categorización del aficionado valencianista de inconformista, exigente, iluso y demás lindezas que nos sueltan desde más allá de Almansa. Ya sea el marqués de Brunete o el ujier de Sevilla. Y yo flipo.

Veamos a ver, si yo, que vivo en Valencia, viese por televisión cualquier reportaje que se emita referido al fútbol y llegase a conclusiones del tipo: ¿qué coño quieren en Granada si son un equipo con todas las papeletas para bajar? ¿por qué coño le pitan a Mourinho si les ha dado una Liga? ¿como están tan locos los del Espanyol de tirar a Pochettino con la plantilla que tienen?, cualquier aficionado de esos equipos, con toda la razón del mundo, se sentiría ofendido por el mero hecho de que yo, pobre valencianí sin oficio ni beneficio, no tengo ni puta idea de lo que estoy hablando. No digo nada si lo que veo es a medio Vicente Calderón tirando huevos al cesped con el partido a medias…

Pues bien, ahora lo digo yo, ¿de qué cojones habláis? La afición del Valencia, mejor que ese par de payasos de los deportes de Cuatro, sabe perfectamente cual es la situación económica y deportiva de su club. Estamos ahogados, con un pie en la desaparición, con unos directivos (actuales y pasados) que son una panda de inútiles que nos han llevado a la situación actual y cuyo máximo interés es lucir en la tarjeta de visita: Consejero del Valencia C. F., S. A. D., con un equipo de fútbol descompensado y creado a partir del desconocimiento y el amiguismo. Y ésto lo sabemos nosotros mejor que ningún periodista de Madrid, Barcelona o Sevilla. El problema es que ellos, sin tener ni zorra, encima van dando lecciones. Pa flipar.

El actual Valencia C. F. es un despropósito a todos los niveles: directivo, económico y deportivo.

A nivel directivo tenemos un presidente al que no le gusta el fútbol, que no tiene ni la más remota idea de qué es un balón (tácticas y demás ni hablamos), que se rodea de directivos cuya única finalidad es dar cabotàs y viajar por esos campos de dios, con un director de marketing que debe saber del tema tanto como yo de biología extraterrestre, con una Fundación (máximo accionista y máximo auditor, en teoría) presidida por un consejero del Valencia puesto a dedo por el Presidente (lo de pensar que va a votar de acuerdo a su criterio, y no al de otro, es impensable) y un director de la escuela cuyo máximo mérito deportivo es ser amigo personal de Llorente. Así funciona el Valencia Club de Fútbol.

A nivel deportivo, el máximo responsable, su Director Deportivo, tiene la principal cualidad de ser un trepa que deja en la estacada a la persona que lo trajo al club (Fernando Gómez Colomer) para alcanzar así el puesto y, de este modo, convertirse en el consentidor todas las barrabasadas que al presidente se le ocurran. Hay que tener en cuenta que si no claudica lo largan. Profesionalidad a tope. Este servilismo conduce a situaciones kafkianas como el sucedido con la contratación del Flaco, o la planificación desastrosa de la plantilla. Por ejemplo, la posición de mediocentro defensivo. La temporada pasada el equipo contaba con tres jugadores en este puesto: 2 que acababan contrato y uno con 2 temporadas más. De los tres sólo queda uno. Planteemos ahora el siguiente problema. Si tú, lector, fueses el DD y te encontrases con lo siguiente, ¿qué harías?

-Uno de los jugadores tiene 26 años y dos años más de contrato. Es turco.

-Otro tiene 36 y acaba contrato. Es valenciano.

-El tercero cuenta con 27 años y también acaba contrato. Es holandés.

Cualquier Director Deportivo normal, con dos dedos de frente, y teniendo en cuenta las condiciones económicas que rigen el club actualmente, podría pensar: tengo a uno con contrato, necesito a otro para poder competir en tres competiciones de forma correcta. Así que o renuevo a uno de los dos que acaban o tengo que fichar a algún otro de garantías, con el gasto que eso supondría. De los dos que acaban contrato, a uno podría sacarle rendimiento económico, pero al otro es imposible…

Pues no, estimado lector, aquí el lumbreras se cargó al que tenía contrato, y renovó al que sólo tiene 36 tacos. Si eso lo hace el DD del Madrid, lo están corriendo a gorrazos por la Castellana hasta que se pierda más allá de la M-40. Aquí le reímos la puta gracieta. ¿Y ésto por qué? Pues básicamente por dos razones: la primera, el de los 36 años es de la terreta, amigo del presidente y chivato oficial del vestuario. La segunda, porque en esta tierra hay mucho xenófobo con derecho a opinar. Y no, no estoy exagerando, sólo hay que oír algunas tertulias de la radio autonómica y sonrojarse ante ciertos comentarios, en forma de chascarrillos, que se hacen de forma constante. Lo peor es que a esos personajes se les paga con dinero público, lo que debería acarrear que rodasen cabezas. Pero en esta tierra somos así. Y como algunos tienen mucho miedo a que les pongan a caer de un burro en determinados medios de comunicación, pues hay que reirles la gracia y hacerles caso.

Del resto de posiciones sólo hay que ver el listado de componentes de la plantilla y escuchar las declaraciones antes de empezar la temporada y las realizadas hace unos días, poco antes de despedir a Mauricio Pelegrino. Son de un surrealismo voraz.

Después de soportar las situaciones vividas por este club desde hace más de 20 años (que no varían mucho de la actual, en mayor o menor medida) yo, y seguro que muchos más, estoy cansado. Después de más de 20 años de aguantar a embaucadores, estafadores, inútiles, trepas, jetas y demás chusma que forma la burguesía valencianista, estar escuchando constantemente que esta afición ni sabe lo que tiene ni lo que quiere, que es exigente, que estamos locos,… a uno se le hinchan las pelotas, con perdón, de aguantar semejantes estupideces.

El aficionado del Valencia C. F. sabe perfectamente lo que quiere:

1.- Que se sea coherente dentro de este club, a todos los niveles.

2.- Que se libere al club de esa atmósfera de amiguismo y servilismo que le rodea.

3.- Que haya un proyecto deportivo serio, buscando lo mejor para el equipo, dentro siempre de las expectativas económicas.

4.- Que los criterios deportivos de contratación sean lo más afinados posibles.

5.- Que se elimine la sensación de conformismo. No queremos ganar títulos, lo que queremos es ver entrega durante los 90 minutos de cada partido.

6.- Elegir un técnico, un entrenador, cuya experiencia sea la suficiente para saber manejar un barco sin necesidad de hacerse amigo de los jugadores y que, principalmente, tenga la posibilidad de tomar decisiones por motu propio sin verse coartado por estamentos superiores. Encuentros como el de Málaga o contra la Real Sociedad son los que enervan a esta afición, no el ganar o perder.

Si alguien, después de ésto, sigue pensando que somos exigentes y tal, sólo le pido un último esfuerzo: que compruebe la asistencia a Mestalla a partir del segundo año de Unai Emery como entrenador de nuestro equipo.

Un saludo.

PD: La pañolada del sábado no va dirigida al entrenador, en ningún caso. Por si a alguien no le quedaba claro aún.

PD2: Las estupideces de los miembros de la Curva Nord son eso, estupideces.

Democraticemos, que algo queda


A colación del artículo anterior sobre el Valencia C. F.: “Mi por qué”, he decidido mostrar cual ha sido el funcionamiento del Consejo de Administración del club y sus diferentes consejeros desde el momento de su constitución como S.A.D. (cosa fácil porque los nombres son constantes).

Pongámonos en antecedentes: en la temporada 1985-86, tras unas temporadas tonteando con el descenso, la desgracia se consuma y el Valencia C.F, baja a Segunda División. Las deudas y las guerras cainitas dentro de la jet-set dirigente provocan una época de austeridad que se ve compensada con el resurgimiento de una masa social plagada de juventud. Tras el efímero paso de Pedro Cortés por la presidencia (el mismo que ahora va por las emisoras vendiendo su “conocimiento”), Arturo Tuzón se alza con el sillón de máximo dirigente aplicando, desde ese momento, un control férreo sobre cualquier tipo de gasto y, poco a poco, devolviendo la credibilidad a un club en desahucio. La política deportiva se centra en jóvenes jugadores, bien de la cantera propia o procedentes de equipos modestos, que van cimentando un equipo de calidad aunque de poca ambición. De la mano de Don Alfredo di Stéfano, llegan al primer equipo los Fernando, Giner, Voro, Quique, Arroyo, Fenoll, Alcañiz,… Muchos de ellos son, o han sido, empleados del club con posterioridad y otros, incluso, consejeros.

A lo que íbamos, Cortés y Tuzón y pertenecían a antiguas directivas del club y allí siguieron hasta la fatídica fecha de 1992, el año en que el club de fútbol pasó a ser Sociedad Anónima Deportiva. Desde ese momento todo accionista podía hacer valer sus acciones en las elecciones convocadas. Y pasó lo que muchos, imberbes aún, nos olíamos: donde antes elegían presidentes unos pocos, la democratización de las acciones hizo que, a partir de entonces, lo eligieran aún menos. Porque elegían los que más dinero habían invertido, que casualmente eran los anteriores directivos del club, porque para eso habían hecho paquetes de acciones que se habían repartido entre ellos. El problema es el de casi siempre en este club, una oligarquía de empresarios naranjeros, falleros y analfabetos, incapaces de ver más allá de su culo y despreciadores de los que les intentan hacer ver las cosas de forma diferente, y a los que gusta más un cargo que a un tonto un chupachups. Los componentes de aquel primer Consejo de administración no tienen desperdicio: Arturo Tuzón, Melchor Hoyos, Vicente Pons, Ramón Romero, Pedro Cortés, Ernesto Estellés, Peris Frígola, Paco Roig, Agustín Morera, Vicente Alegre, Vicente Silla y Vicente Fayos. Buena parte de ellos os sonaran porque han estado ahí, de forma continua o discontinua, hasta hace bien poco. Lo más gracioso de todo es que cualquier trama de intrigas y traiciones queda convertida en un juego de niños cuando ves los cambios de chaqueta continuos por parte de semejantes personajes, y de los que les han ido sucediendo. Para ver todo ésto en su máxima plenitud, recomiendo un artículo del amigo desmemoriats: De professió conseller del VCF(en valenciano)

El caso es que, en dos años, aquel grupo de consejeros saltó por los aires, principalmente por un personaje, de mote El tronaor, cuyo afán de protagonismo y populismo barato consiguió mover a las masas al grito de Per un València campió. Su nombre Paco Roig. Su lema anti-Tuzón, coreado por Mestalla, Arturo, suelta los duros. Demagogia en estado puro. Tuzón convocó elecciones y se retiró al calor del hogar. Al tronaor, los nuevos adversarios encabezados por Ramón Romero y Agustín Morera, le duraron medio asalto, aunque la derrota por 7-0 ante el Karlsruhe probablemente ayudó lo suyo. Arrasó en las elecciones y le llevó a la presidencia valencianista. Le acompañaron: Vicente Andreu, Juan Vicente Jurado,  Jaime Ortí, Salvador de la Asunción, Antonio Giner, Guillermo Miralles, Jaime Molina, Enrique MorenoEnrique Roig, Juan Ruiz Huerta y Enrique Ruiz Magraner. Posteriormente se unieron Beatriz Delgado y nuestro actual Presidente, Manuel Llorente. Paco comenzó a granjearse la enemistad del populacho cuando decidió cobrar como sueldo el 1% del presupuesto del club.

En 1996, tal y como ha sucedido en 2009, Roig intentó democratizar el club realizando una ampliación de capital y, así, conseguir que los grandes paquetes accionariales quedasen anulados. El problema, como no, es que el que tiene el chupachups no quiere que se le acabe, así que Roig hizo trampas. Por medio de un grupo de testaferros fue acumulando acciones para intentar mantenerse en el poder sine die. Pero un club de fútbol no es una empresa, y cuando la pelota no entra a ti, que estás en el palco, Mestalla te grita de todo. Y un día Paco no pudo más y le dejó el mando a Pedro Cortés, que había regresado, y que a su vez se lo dejó a Ortí (el presidente más laureado tras Luis Casanova). Luego llegaron Juan Soler, el efímero Morera, el embastaor Vicente Soriano y el actual, Manuel Llorente. Todos con sus movidas, politiqueos, trampas, embustes y adláteres de tres al cuarto. Todos rodeados por chaqueteros con deseo de ver en sus tarjetas de visita el chusquero Consejero del Valencia C. de F., S.A.D., e incapaces de entender lo que significa las palabras lealtad y honor. Incapaces de mirar más allá de sus bolsillos. Para sentir vergüenza.

Y llegamos al 2009, llamada por algunos la Gran democratización, la liberadora, la que iba a devolver el club a sus verdaderos dueños: la afición. Todos sabemos como ha acabado ésto, pero lo que me interesaba es mostrar que todo era un tremendo blufff.

Empecemos a hacer números. Tras la ampliación del 96, las acciones emitidas por el Valencia Club de Fútbol eran unas 192.225, repartidas entre unos 44.000 socios. La emisión de 2009 era de 1.922.250 acciones. Coste por acción: 48€. Hagamos pequeños cálculos. Para conseguir la democratización real del club, esos casi dos millones de acciones deberían haber sido vendidas en paquetes iguales a esos 44.000 socios (la variación en el reparto de las 192.225 anteriores queda en algo mínimo). En reparto simple, a cada socio le corresponderían unas 44 acciones, lo que supone unos 2.100€. Algo inasumible, por mucho amor a unos colores que sientas, por el 90% de los socios del club. Más si hablamos de una familia con dos,tres, cuatro o más socios. Y eso lo sabía quien la propuso, como también sabía que era imposible  completar la venta de todas las acciones. Y, seguramente, también sabía cómo solucionarlo para conseguir que su propósito no se viese alterado: tenerlo todo bajo control. Porque yo quisiera saber, ¿alguien cree que un consejero del club, por muy presidente de fundación que sea, va a votar en contra de las decisiones del consejo al que pertenece? Társilo Piles tampoco.

Mi por qué


Hace unos días, en el programa de deportes de la Cadena SER en Valencia, que dirige el murciano Pedro Morata, se pedía a los aficionados que explicaran por qué no habían renovado el pase del Valencia CF. Las explicaciones, en su amplia mayoría, alegaban fundamentalmente a la crisis y los problemas económicos. Es posible que así sea, pero en mi caso las razones por las que dejé de hacerlo son mucho más profundas.

Hace tres años que dejé de renovar un abono del que disfrutaba desde hacía más de 20, desde aquellos tiempos de la General de Pie  anteriores a la llegada de Paco Roig y el famoso “buñuelo” que hizo que los viejos ocupantes de la zona más elevada del estadio nos repartiéramos por el remozado Mestalla en una diáspora sin retorno. Y no me arrepiento. He visto de todo, triunfos, derrotas, alegrías y tristezas. He pasado frío, calor, me he mojado y, en alguna ocasión, he ido con  fiebre al campo. He conocido gente, he compartido cervezas y he tenido fuertes discusiones, todo dentro de esas graderías. Pero repito, lo he abandonado y no me arrepiento, más bien al contrario. Entre todos han conseguido que, lo que en su momento era una de mis pasiones, pase a ser un mero entretenimiento por el que, en no pocas ocasiones, si es necesario, no pierdo ni un segundo de mi vida. Triste, ¿verdad?

Pudiendo pagar un pase cuyo coste ha ascendido en casi un 70%, gracias ese engaño llamado ampliación de capital (de 280€ que costó el último, a los 475€ de este año), en su momento decidí no hacerlo. Esta alteración del precio se produce porque me negué a pagar 500€ por 10 acciones sin valor alguno. Y no, 500€ no son sentimiento, son un puto engaño consentido por todos. Y ya llevo viendo en este club demasiados sinvergüenzas con ánimo de protagonismo como para seguir haciéndole el culo gordo a nadie. Y menos a 350.000€ anuales. Estoy hasta los cojones de los Pedro Cortés, Jaime Ortí, Jaime Molina, Paco Roig, Juan Soler, Ramón Aznar, Társilo Piles, Jesús Barrachina, Manuel Llorente, y tantos otros. 20 años de S.A.D. y las caras siguen siendo las mismas, no han cambiado. Y, encima, se permiten el lujo de dar sermones y moralinas en los medios de comunicación que se lo admiten. Periodistas deportivos que han perdido la esencia de su profesión para convertirse en meras bocas agradecidas.

Al socio se le exige pagar uno de los abonos más caros de Primera División ( y me importa tres cojones si es a plazos o al contado), se le exige pagar por la Champions (que otros clubes lo incluyen en el abono) y, encima, se le engaña en la compra de las acciones de la ampliación de capital insinuando una democratización que era imposible de facto. A eso hay que añadir la falta de ambición que reina en este club, en el que se trabaja por y para las amistades, en el que no se defiende al socio/abonado, si no que se le ningunea, se le explota y menosprecia, y en el que el presidente miente de forma descarada en todas las ruedas de prensa que convoca (y encima presume de ello y de tener credibilidad, que tiene cojones la cosa). Lo que me extraña es que haya gente que aún defienda esta gestión. De algunos tengo claro el por qué, de otros no tanto, pero con su pan se lo coman. Ni la gestión del presidente es para presumir, ni la de los mamporreros que conforman un Consejo de Administración que es una absoluta mentira, ni la de un Director Deportivo, sin mérito alguno para estar en el cargo que ostenta, cuya única función es la de dar cabotàs a la voz de su amo. Porque si este señor fuera un Director Deportivo de los de verdad, de los auténticos profesionales, hubiese dimitido marchándose con la cabeza bien alta y no hubiera consentido la confección de una plantilla descompensada que hace aguas por todas partes, ni hubiese admitido ciertas ventas, renovaciones y no-renovaciones como las acaecidas este pasado verano. Y así nos va a ir, al tiempo.

Y luego llega la rueda de prensa de hoy (quisiera yo saber por qué se llama así, si la prensa ni ha aparecido), en la que un señor, impuesto por un banco y un gobierno autonómico (al que llaman Gran gestor, entiendo que irónicamente), se permite el lujo de presumir de ser un mentiroso y un inútil. Sólo ha faltado que le hicieran la ola los presentes. Hubiese sido apoteósico. Supongo que no ha ocurrido porque Manolo Más no ha sido hoy el encargado de la animación, y gracias damos por ello.

No me extraña que seamos el puto hazmerreír de media España (y parte del extranjero).