Perdida, David Fincher (2014)


En el mundo del cine actual, es difícil encontrar un director en el que un gran porcentaje de sus películas alcancen un nivel tan alto que tengas ganas de ver cada una de las nuevas obras que va creando. David Fincher es uno de ellos, un tipo que es capaz de hacer Seven (1995), El club de la lucha (1999) o House of cards (serie de TV, 2013) te da la esperanza de ver un film suyo y pensar que no te van a tomar el pelo. Bueno, pues con Perdida, a mi entender, la ha cagado, pero bien.

No es que adaptes una obra literaria, con mayor o menor calidad, y que luego la adaptes de forma fiel o decidas hacer giros o cambios radicales (por ejemplo, El resplandor [Stanley Kubrick, 1980]). No, ese no es el problema, el problema es que lo hagas y te quede una película que no sólo no es creíble, si no que en determinados momentos te provoque la risa tonta, o el descojone total. Porque eso es lo que pasa.

Lo primero, yo no sé que le ven a Ben Affleck, pero un tipo que es capaz de poner la misma cara a lo largo de 2 horas largas de película (y en todas las películas que hace, al más puro estilo Keanu Reeves) no puede hacer una película como esta ni aún dirigiéndola el mismísimo John  Ford (John Wayne aparte, claro). Lo de la actriz acompañante mejor lo dejo estar, porque si Ben Affleck me parece malo, la Pike se merece directamente el paredón.

Lo siguiente es que el guión es ridículo, no por la historia en sí (que podría pasar) sino por la cantidad de minutos estúpidos y escenas gilipollas que daría vergüenza al mismísimo Ridley Scott de Prometheus (2012). ¿Nadie es capaz de limpiarle la sangre a la tía loca esa desde que llega a su casa, en coche, hasta que la devuelven de nuevo a su hogar, desde el hospital, y se ducha con ese simple que tiene por marido? ¿En qué puta cabeza cabe algo así? ¿Para qué coño nos enseña como se pega un martillazo en la cara? ¿No era más fácil darse cuatro o cinco golpes por el cuerpo y no esa escena, con patatús incluido, en un cuarto de baño de hotel de mala muerte? Y siendo tan lista y tan guapa, ¿no hay mejor sitio para esconder el dinero que una roñosa riñonera que va enseñando por todos los sitios por los que pasa? ¿Son los yanquis así de gilipollas o es sólo en las películas? Porque lo del multimillonario locamente enamorado ya me parece el sumum. Que el notas será un lumbreras, pero el tajo en el cuello se lo merece por imbécil y papanatas. Lo que viene a continuación ya ni me planteo criticarlo, ¿para qué? ¿Qué sentido tiene alargar el final durante más de una hora si ya sabes de qué va el asunto y, lo que es peor, sabes cómo va a acabar? Porque esa es otra, con cuatro escenas que hubiese eliminado, el colega tenía un final en plan maquiavelo acojonante: un matrimonio que monta un pitote de la hostia para hacerse millonarios a base de vender exclusivas y demás… Pero no, teníamos que pasar por la vecina preñada que va a tu casa, mea y no tira de la cadena. O tú, que le robas el semen al subhumano de tu marido para quedarte preñada y que el tío se quede tan pancho. Así, con dos cojones y sin vaselina.

De verdad, si este es el nuevo cine de intriga/thriller, por mí le pueden dar mucho por el orto a Hollywood.

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True Detective / El rey de amarillo – Robert W. Chambers


Hace unos días engullí (directamente así) una serie de las que crean escuela: True detective. Teniendo en cuenta que es una producción HBO creo que necesita decirse poco más. Si alguno no la habéis visto aún, entonces ya estáis tardando en conseguirla como sea. Es puro cine policial dentro de esa cosa llamada caja tonta.

La trama gira alrededor de una serie de asesinatos “rituales” en una región pantanosa de Louisiana, EE.UU. La investigación es asignada a dos policías con pocas características en común: uno es el típico policía de pueblo, con pocas luces (aparentemente) y con tendencia a ponerle los cuernos a la mujer de forma constante y autojustificada; el otro es un policía conflictivo, con problemas arrastrados desde la muerte de su pequeña hija, con tendencia a meterse en tareas prácticamente suicidas, con creencias nihilistas y una mente bastante privilegiada… ah, y un cuaderno contable donde hace anotaciones de sus casos. Dos extremos, dos polos opuestos que se atraen a pesar de las diferencias.

Toda la trama se mueve en un período extenso de tiempo, aunque la narración va entremezclando temporalidades: presente y pasado discurren de la mano mostrándonos el proceso de investigación, las conclusiones a las que van llegando y como el caso se mete en sus vidas hasta, poco a poco, hacerles caer a ellos también.

En sí, el argumento no es excesivamente novedoso ya que hablamos de lo que parece ser un asesino en serie y las implicaciones que conlleva a su alrededor, aunque creo que realmente lo que se nos pretende contar es la historia de los dos policías y su redención final. Por hacer un símil, me recuerda mucho al desarrollo personal que podemos ver en Seven (David Fincher, 1995).

De los actores, sólo con ver el primer capítulo la cosa deja a la vista dos cosas destacables: Matthew McConaughey se ha hecho actor, pero actor de los grandes; y la esperanza de que Woody Harrelson no se nos vuelva a perder por el camino. El resto del elenco se encuentra a una gran altura también, pero es que los dos actores principales brillan y ensombrecen todo lo demás.

Las localizaciones y el desarrollo a lo largo de esa América profunda situada en una Louisiana post huracán Rita, con sus miserias, sus actos de fe y sus creencias religiosas, son simplemente conmovedores, te impregnan hasta hacerte sentir nauseas, hasta entender que ese territorio es otro personaje más (si no el principal) de esa gigantesca trama.

Repito, no dejéis de verla. Y, si podéis, no os perdáis su banda sonora. Simplemente magistral, y su tema principal insuperable: Far from any road, de The Handsome Family (versión reducida para la cabecera inicial)

(vídeo oficial post inclusión en la serie)

A lo largo de la serie hay una referencia constante a El rey de amarillo. Esta obra de Robert W. Chambers es uno de esos libros malditos, al estilo Necronomicon de Lovecraft, y que aparece de forma reiterada en muchos de sus relatos. Es un libro maldito, dividido en dos actos, cuya lectura completa  hace que el lector se introduzca en un mundo de locura y horror. Es constante también la referencia a Carcosa, una especie de ciudad primigenia, perdida, abandonada y olvidada, a la que Chambers hace también continuas referencias en sus obras pero que fue una idea original de Ambrose Bierce y su relato Un habitante de Carcosa.

Robert William Chambers (1865-1933) nació en Brooklyn, Nueva York. Asistió al Polytechnic Institute y después de su graduación estudió pintura en la Academia Julien exhibiendo sus obras en el Salón de París de 1896. A su regreso a Nueva York se convirtió —junto con Charles Dana Gibson— en uno de los más conocidos ilustradores de las revistas de la época. Inició su carrera literaria en 1894, con la publicación de In the Quarter, donde utilizó —como en algunos relatos de este volumen— material de su vida de bohemio en París. Sus obras más importantes en el campo de la fantasía son las siguientes: The King in Yellow (1895), The Maker of Moons (1896), The Mystery of Choice (1897), In Search of Unknown (1904) Police!!! (1915) y The Slayer of Souls (1920).
El fulminante éxito de su «Rey de Amarillo» le dio rápida fama y pudo dedicar todo su tiempo a escribir. Al morir había publicado más de setenta libros —la mayoría de ellos olvidados— de todo tipo: fantasía, biografías, temas históricos, deportivos, teatro y poesía.
El rey de amarillo, junto con el Necronomicon, de H. P. Lovecraft, es uno de los recursos literarios más felices de la literatura fantástica. Libro dentro de un libro, entra y sale de la narración provocando un efecto de distanciamiento que potencia su horror. Es notable la influencia que le produjo Ambrose Bierce, especialmente «Un habitante de Carcosa». La suya propia se deja sentir dentro del círculo de autores de «Los Mitos de Cthulhu». Incluimos aquí las cinco historias del «Rey de Amarillo» (los otros relatos del libro homónimo son escenas de la vida parisina, carentes por completo de interés): «El reparador de reputaciones» (un extraño relato de ciencia-ficción escrito en 1895 y ubicado en los años 20; una visión devastadora de un Estados Unidos que no existe), «La máscara», «En la Corte del Dragón», «El signo amarillo» y «La Demoiselle d’Ys». Completan el volumen «El hacedor de lunas», con una oscura proyección de «amenaza oriental», relato que anticipa las historias de aventuras de Sax Rohmer, tan populares en la década del ’20; «Una tarde placentera», un tema inusual en Chambers por su toque naturalista; «El mensajero», ubicado en esa campiña bretona que tan bien conocía y amaba; y «La Llave del Dolor», otra muestra de la influencia de Bierce, con su notable parecido —si bien sentimentalizado— con «El puente sobre el río del Búho».
Toda la obra de Chambers fue escrita para una generación que ya no existe y es probable que dentro de unas décadas sea completamente olvidado. Pero mientras exista un lector de ficción fantástica, el «Rey de Amarillo» vivirá para siempre.

http://www.epublibre.org/libro/detalle/4439

Entrada en La estirpe de Cthulhu: El rey de amarillo