Ciencia ficción del área soviética


Supongo que la gran mayoría de vosotros conoce a los Asimov, Clarke, Bradbury, LeGuin,… Si sois aficionados a la Ciencia Ficción estoy convencido que los tendréis en mente prácticamente siempre que comentéis con alguien sobre dicha temática. Todos ellos pertenecen a la denominada parte occidental de la CI-FI, pero también existía CI-FI al otro lado de lo que se llamó el telón de acero, el lado este de Europa, principalmente, y que también creó grandes obras de Ciencia ficción y que para el gran público no son tan conocidas, salvo contadas excepciones.

A mi entender, la Ciencia Ficción de la llamada zona de influencia soviética se diferencia de la occidental por tratarse de algo mucho más intimista, con una búsqueda del entendimiento de lo extraño o maravilloso y sin un uso tan amplio de la confrontación.

Las primeras incursiones tras la Revolución soviética las encontramos en Aleksej Tolstoj (Aelita, y La hipérbola del ingeniero Garin) y en Valentin Kataev (Tiempo adelante) o en Mikhail Bulgakov (Los huevos malditos, una especie de Jurasic Park soviético). Son unos primeros inicios que muestran un apego a las ideas de libertad de la propia Revolución. Pero el gran exponente de esta primera época es si duda Alexandr Beliayev, autor de una cuarenta novelas y más de cien relatos, su obra está catalogado como verniano, por la similitud que su obra presenta con la de Jules Verne. La estrella Ketz  y Ariel son, probablemente, sus obras más conocidas.

Eso sí, si buscamos una obra maestra, como tal, en estos albores de la Ciencia Ficción soviética, el principal aspirante a lograrlo probablemente sea: El generador milagroso, de Jurij Dolguzin. En la obra  se trata el tema de la telepatía y de la resurrección de los muertos. El caso es que el autor sólo escribió un relato más de Ciencia Ficción (El secreto de la invisibilidad), una auténtica pena. Aunque yo añadiría esa obra precursora del 1984 de Orwell: Nosotros, de Yevgueni Zamiatin.

Ya más adentrados en el siglo XX es cuando nos encontramos con los grandes autores del género. El paleontólogo Ivan Efremov y su trilogía: Naves de estrellas, La nebulosa de Andrómeda y El corazón de la serpiente. El creador de problemas ajedrecísticos Alexandr Kazancev, cuya obra plantea problemas en su trama tan complejos como los de sus ejercicios sobre el tablero: La isla en llamas o El puente en el ÁrticoSergei Martinov y su trilogía Navegantes de las estrellas. O Grigorij Gurievitch con El hombre cohete.

Pero los más grandes, y probablemente más conocidos en Occidente, son los hermanos Boris y Arkadi Strugatski y el polaco Stanislaw Lem. De los primeros destaca una obra principalmente: Picnic junto al camino (o Picnic extraterrestre). En ella se narra como, tras una visita a nuestro planeta, unos extraterrestres abandonan una serie de objetos en determinadas zonas. Sobre esta obra, Andrei Tarkovski creó una obra maestra que, aunque muy diferente al libro, nos narra las vicisitudes de uno de los guías en estas zonas prohibidas: STALKER (Cталкер, 1979). [Versión original con subtítulos en castellano: http://legalmentegratis.com.ar/la-zona/]

Por otra parte tenemos a Lem, autor prolífico como pocos y cuya obra trata, de una forma general, sobre el contacto entre los humanos y los seres extraterrestres y la cibernética. Sus principales obras son: Ciberiada, Diarios de las estrellas, La fiebre del heno, La investigación, los Relatos del piloto Prix, La voz de su amo y la grandiosa Solaris. De esta última hizo Tarkovski una magnífica versión cinematográfica (Solaris, 1972) que logró el Gran Premio del Jurado de Cannes. [Versión original con subtítulos en castellano: http://legalmentegratis.com.ar/solaris/

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TPB – Picnic junto al camino, de Arkadi y Boris Strugatsky


SINOPSIS:

La fugaz visita de naves extraterrestres ha dejado misteriosos desperdicios fruto del insólito pícnic junto al camino de unos seres absolutamente incomprensibles. Las que fueron Zonas de aterrizaje son ahora lugares peligrosos y prohibidos, donde unos misteriosos objetos desencadenan todas las ambiciones humanas. Los stalkers se arriesgan a entrar furtivamente en la Zona para rescatar, cual hormigas laboriosas, esos restos abandonados por los que suspiran al unísono la ciencia y el hampa.

¿Es posible comprender una inteligencia extraterrestre? ¿Es la ciencia la mayor destructora de la esperanza humana? La arriesgada vida de los stalkers y los singulares objetos de la Zona, en particular la Bola Dorada que concede todos los deseos, tal vez nos ayuden a reflexionar sobre ello.

Los hermanos Strugatsky -Arkadi, el mayor, filólogo especializado en lenguas orientales y Boris, el menor, astrónomo- son los más famosos y populares de los escritores rusos de ciencia ficción. A partir de “Picnic junto al camino”, que es con “Qué difícil es ser Dios” una de sus mejores novelas, Andréi Tarkovski realizó la memorable película “Stalker”, con guión de los propios autores. Es muy posible que quienes hayan visto primero la película y lean después la novela se sientan estafados por Tarkovski. Pese a la importancia de la versión filmada, esta vez la galaxia de Gutenberg gana por goleada al mundo de lo audiovisual.

EDITADO: TPB: Picnic junto al camino – Strugatsky(r1.1)

Uno de los clásicos de la CI-FI del bloque soviético, junto con el Solaris de Stanislaw Lem. Normalmente esta literatura, muy alejada del estilo aventurero y de acción de la CI-FI occidental, suele tratar aspectos más psicológicos, de confrontación personal con lo desconocido, de intento de comprensión y lucha interna. Y eso es Picnic junto al camino, la lucha de un individuo contra el sistema, la intromisión constante en La Zona, un lugar en el que los objetos de origen extraterrestre quedan fuera de la compresión humana y, por tanto, suponen un peligro potencial para los Stalker, furtivos, y todo aquel que se adentre en ella. Aunque siempre quedará el sueño de La Bola Dorada, el objeto que hace que tus deseos se vuelvan realidad…

Si dejamos de lado el estilo occidental de CI-FI, tratamos de olvidarnos de esas batallas interestelares y no intentamos buscarle un significado a todo (al igual que en Solaris), la obra se disfruta como pocas. Una auténtica delicia de novela. Si además le añadimos la adaptación del maestro Andrei Tarkovski (Stalker, 1979), el conjunto se vuelve magistral (no estoy de acuerdo con lo indicado en la sinopsis, la película toma la idea original del libro para convertirse en una viaje onírico y poético, una joya de obligada visión creada por uno de los grandes genios del cine, y cuyo guión también fue escrito por los autores del libro).